Creo que nunca había leído, visto y escuchado algo de proporciones tan cósmicas. Tiene algo como de mito de creación.
Me gusta Es curioso cómo el escrito parece partir de algo concreto como puede ser esa mirada entre soñadora y melancólica del niño y a partir de ahí la reflexión se va elevando y expandiendo.
No puedo evitar buscarle algún simbolismo. Tantos sueños, tantas estrellas, más que referencias reales a algo astronómico, prefiero verlo como una manera de ampliar la realidad, con anhelos, ilusiones y sentimientos que te hacen ver la vida de otra manera.
Me doy cuenta de lo distinto que soy ahora con respecto a cuando entré en el portal. Todavía queda algo de esa duda ya arraigada y no puedo saber si realmente he sanado y recuperado una parte de lo que podría llamar mi esencia o si dentro de un tiempo volveré a renegar de mi enajenación. Hay veces que contemplar tanta belleza es doloroso porque querrías formar parte de ella y no hay caminos hacia el horizonte, pero queda esa satisfacción de haber sido dotado con la capacidad de reconocerla y emocionarte y parece que merece la pena haber vivido solo para ese instante. De ninguna otra manera estoy tan seguro de nada. Este es un escrito que me resulta muy reconfortante en estos momentos, porque me parece que me habla de vivir en la intensidad de las emociones, caminando entre cielos y estrellas, como si fuera, como si es parte de nuestra naturaleza y hace que uno no se sienta solo.
No sé si he escrito un comentario muy coherente, porque no me he parado mucho a pensarlo. Es de esas veces que me dejo llevar más por las sensaciones y no lo voy a repasar.
De lo que quiero asegurarme, Palmira, Engel, es de que no os quede ninguna duda de que me parece una creación preciosa.
Un abrazo,
Álvaro