José Luis Pérez
Poeta recién llegado
Deslumbra aquel lugar donde la vida
descubre entre sigilos nuestros cuerpos
la física del alma, la asumida
acción y reacción de amor intenso.
Desnuda al carmesí, tu boca guía
mis dedos cuando arrancan tus secretos,
lluvia de fuego en tu mirar ansía
anclar mi mano en tu suave convexo,
perlado ángulo promete y titilas
deshojo esperando hallar tus cerezos
tan sólo cubres sin mí tus pupilas,
pronto desvía mi mano su centro.
Estoy lejos aún y tus mejillas
de seda, mimetizan este fuego
parecen tan cercanas tus orillas
que siento deshojarse sus mil pétalos...
Y entonces busco al fin mi acometida
que avanzan mis tropas en pleno incendio
cayendo va esta guerra consentida
que paso a paso nos quita el aliento,
ahora se desnuda tu sonrisa
fundiéndose se amoldan los deseos
vaivén intermitente que deslizas
y arrullas al resguardo de mil besos.
Tan pronto y sin pensar todo culmina
tu piel se adapta al fuego en movimiento
me abrazas y hacia mí tu cuerpo inclinas
reímos, triunfantes de este juego,
luego abrazo tu cintura dormida
tus montes se arrinconan en mi pecho
cierra el sueño tu mirada vencida
acunada en pestañas de negro ébano...
de pronto un instante nos da armonía
descubre entre sigilos nuestros cuerpos
tendidos en la cama, ya es de día
después de la pasión, todo es silencio.
descubre entre sigilos nuestros cuerpos
la física del alma, la asumida
acción y reacción de amor intenso.
Desnuda al carmesí, tu boca guía
mis dedos cuando arrancan tus secretos,
lluvia de fuego en tu mirar ansía
anclar mi mano en tu suave convexo,
perlado ángulo promete y titilas
deshojo esperando hallar tus cerezos
tan sólo cubres sin mí tus pupilas,
pronto desvía mi mano su centro.
Estoy lejos aún y tus mejillas
de seda, mimetizan este fuego
parecen tan cercanas tus orillas
que siento deshojarse sus mil pétalos...
Y entonces busco al fin mi acometida
que avanzan mis tropas en pleno incendio
cayendo va esta guerra consentida
que paso a paso nos quita el aliento,
ahora se desnuda tu sonrisa
fundiéndose se amoldan los deseos
vaivén intermitente que deslizas
y arrullas al resguardo de mil besos.
Tan pronto y sin pensar todo culmina
tu piel se adapta al fuego en movimiento
me abrazas y hacia mí tu cuerpo inclinas
reímos, triunfantes de este juego,
luego abrazo tu cintura dormida
tus montes se arrinconan en mi pecho
cierra el sueño tu mirada vencida
acunada en pestañas de negro ébano...
de pronto un instante nos da armonía
descubre entre sigilos nuestros cuerpos
tendidos en la cama, ya es de día
después de la pasión, todo es silencio.