Esa debilidad de acantonar soledades
es el recelo de olvidar tus silencios
o la brújula girando sin mandatos
dentro de lo ermitaño cuando te extraño.
Y no tengo el coraje para virar la llave
de esa puerta, como puente,
que separa lo pasado de lo sin rumbo;
donde, entre tambores de bienvenida,
quizás los frutos del mañana renovado
se hagan rosario de nuevas parcelas.
Entre tanto, he de reafirmar el amor inmenso
en palabras que saben a tierra mojada
como cuando después de la lluvia
la brisa fresca redime tu sonrisa
y la dulce estrella de tu mirada.
es el recelo de olvidar tus silencios
o la brújula girando sin mandatos
dentro de lo ermitaño cuando te extraño.
Y no tengo el coraje para virar la llave
de esa puerta, como puente,
que separa lo pasado de lo sin rumbo;
donde, entre tambores de bienvenida,
quizás los frutos del mañana renovado
se hagan rosario de nuevas parcelas.
Entre tanto, he de reafirmar el amor inmenso
en palabras que saben a tierra mojada
como cuando después de la lluvia
la brisa fresca redime tu sonrisa
y la dulce estrella de tu mirada.
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