Esrry López Valenzuela
Don't try
Entre mis ojos y tus ojos, órbita el amor, en el sonido de las hojas crujiendo al caminar.
Entre mi manos y tus manos que se dicen todo con fervor, el mar, la arena y el golpe de las olas en nuestros pies echando raíces, que nos reaviva nuestro sentir.
Entre las gentes que se dicen todo y no hacen nada, el desinterés, el hambre y desamor, ahí estamos nosotros demostrando que no hace falta mucho para amarse y que encontrarse diariamente es pan y no migas.
Entre el antes y el después, antes no eramos nada, deambulábamos taciturnos o locuaces en espiral, en el después nos encontramos con la primera persona del plural que nos arropó y nos dio calor.
Entre lo que se ve y se dice, en la apariencia y lo real, lo nuestro habita en los hechos en la sinceridad.
Entre las mágicas auroras boreales y australes, que iluminan la noche fría, así somos, algo que resplandece en la adversidad.
Entre el ocaso que impacta con su paisaje y el día que espera en plenitud para ser vivido, las hojas que caen en el otoño y las flores que duermen para volver a florecer, así como la rosa, sin porqué. Sin preocuparse del que dirán, nuestro amor surge a lo natural.
Entre mi manos y tus manos que se dicen todo con fervor, el mar, la arena y el golpe de las olas en nuestros pies echando raíces, que nos reaviva nuestro sentir.
Entre las gentes que se dicen todo y no hacen nada, el desinterés, el hambre y desamor, ahí estamos nosotros demostrando que no hace falta mucho para amarse y que encontrarse diariamente es pan y no migas.
Entre el antes y el después, antes no eramos nada, deambulábamos taciturnos o locuaces en espiral, en el después nos encontramos con la primera persona del plural que nos arropó y nos dio calor.
Entre lo que se ve y se dice, en la apariencia y lo real, lo nuestro habita en los hechos en la sinceridad.
Entre las mágicas auroras boreales y australes, que iluminan la noche fría, así somos, algo que resplandece en la adversidad.
Entre el ocaso que impacta con su paisaje y el día que espera en plenitud para ser vivido, las hojas que caen en el otoño y las flores que duermen para volver a florecer, así como la rosa, sin porqué. Sin preocuparse del que dirán, nuestro amor surge a lo natural.
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