sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
Entre un amor de rizos que se hace entre los ojos,
que acentúa hasta su alma,
de los labios tan bravos hasta su piel de seda,
hasta yo diría que sus manos son su espejo,
por decir yo ya lo digo,
que hasta su alma es mi apodo y su nombre mi apellido,
por decir no digo nada,
pero sus ojos son mis luces cuando el sol ya se levanta,
por decir lo dije todo,
hasta bebo de su boca,
por sus labios de almohada,
esa espuma que recorre mi cuerpo en la madrugada,
por saber lo digo dulce,
si no lo supiera,
mis alas caerían entre sus miradas,
pero sé que ella es eterna,
entre el cielo es tan rosa y tan roja en su palabra,
yo le digo que mi corazón y el suyo es la rosa sin espinas,
pues hasta las flores más prohibidas se entregarían hasta el fondo de un pincel enamorado,
por pintar sus fantasías,
hay alma bendita,
dime que me quieres,
para yo hacer nuestra poesía.
que acentúa hasta su alma,
de los labios tan bravos hasta su piel de seda,
hasta yo diría que sus manos son su espejo,
por decir yo ya lo digo,
que hasta su alma es mi apodo y su nombre mi apellido,
por decir no digo nada,
pero sus ojos son mis luces cuando el sol ya se levanta,
por decir lo dije todo,
hasta bebo de su boca,
por sus labios de almohada,
esa espuma que recorre mi cuerpo en la madrugada,
por saber lo digo dulce,
si no lo supiera,
mis alas caerían entre sus miradas,
pero sé que ella es eterna,
entre el cielo es tan rosa y tan roja en su palabra,
yo le digo que mi corazón y el suyo es la rosa sin espinas,
pues hasta las flores más prohibidas se entregarían hasta el fondo de un pincel enamorado,
por pintar sus fantasías,
hay alma bendita,
dime que me quieres,
para yo hacer nuestra poesía.
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