Tierra, entrégame la calidez del trigo
tostándose bajo los besos ardientes de saetas solares,
del trigo, preparando la mies que hace el pan.
Y entrégame también mil atardeceres de rosa a escarlata,
y hazlos explotar en mis mejillas abigarrados por un pincel místico,
mezcla de hojas de sauce y nubes de verano;
tierra, entrégame ocaso y escarlata.
Y entrégame también,
la carismática capa de terciopelo de la rosa,
y las alas de la mariposa
teñidas por un delirio febril
o por los entorbellinados sueños de un loco.
Entrégame tierra, rosa y mariposa.
Entrégame también,
la frescura del arrollo rociado por las mentas,
la melancolía de un piélago lejano
o de cause oculto entre ramas secas.
Entrégame tierra, melancolía y agua.
Entrégame también,
el fondo abisal del mar
y la biología de criaturas marinas
corriendo por mis venas,
Entrégame tierra profundidad y vida desconocida.
Entrégame también,
los astros tiritando en lo lejano,
la vía láctea derramando su néctar dorado en mis pupilas,
y entrégame lo que la luna no quiere contarle al cielo raso.
Entrégame tierra, astros y secretos estelares.
Y entrégame el canto del zorzal,
y el ruido del maíz fraternizando con sus hojas,
entrégame la melodía que producen las sutiles alas de las libélulas
al impactar en la pequeña ciénaga estancada de musgo y de recuerdos.
Entrégame tierra, a tus hijos que cantan y callan.
Y permíteme ahora que todo lo tengo,
hilvanar tus tesoros en mi cuerpo,
para crear un lienzo vivo, eterno;
déjame correr con él por ciudades y puertos,
para dejar sin sueños vanos de lujo y fama a los hombres,
para que mientras lloran comprendan que todo esta frente a sus ojos,
entregándose,
elemental y desnudo al hombre ciego.
tostándose bajo los besos ardientes de saetas solares,
del trigo, preparando la mies que hace el pan.
Y entrégame también mil atardeceres de rosa a escarlata,
y hazlos explotar en mis mejillas abigarrados por un pincel místico,
mezcla de hojas de sauce y nubes de verano;
tierra, entrégame ocaso y escarlata.
Y entrégame también,
la carismática capa de terciopelo de la rosa,
y las alas de la mariposa
teñidas por un delirio febril
o por los entorbellinados sueños de un loco.
Entrégame tierra, rosa y mariposa.
Entrégame también,
la frescura del arrollo rociado por las mentas,
la melancolía de un piélago lejano
o de cause oculto entre ramas secas.
Entrégame tierra, melancolía y agua.
Entrégame también,
el fondo abisal del mar
y la biología de criaturas marinas
corriendo por mis venas,
Entrégame tierra profundidad y vida desconocida.
Entrégame también,
los astros tiritando en lo lejano,
la vía láctea derramando su néctar dorado en mis pupilas,
y entrégame lo que la luna no quiere contarle al cielo raso.
Entrégame tierra, astros y secretos estelares.
Y entrégame el canto del zorzal,
y el ruido del maíz fraternizando con sus hojas,
entrégame la melodía que producen las sutiles alas de las libélulas
al impactar en la pequeña ciénaga estancada de musgo y de recuerdos.
Entrégame tierra, a tus hijos que cantan y callan.
Y permíteme ahora que todo lo tengo,
hilvanar tus tesoros en mi cuerpo,
para crear un lienzo vivo, eterno;
déjame correr con él por ciudades y puertos,
para dejar sin sueños vanos de lujo y fama a los hombres,
para que mientras lloran comprendan que todo esta frente a sus ojos,
entregándose,
elemental y desnudo al hombre ciego.
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