Ania Kupuri
Poeta recién llegado
Ella nació con el sol de verano en las pupilas
margaritas y rosas en recuerdo
fueron sus cantos de tierra y maíz de oro.
Ella no conoció el saber, ni leyó…
Jamás descifró la armadura de su nombre.
Epifanía se perdió esa mañana burda
como se pierden las esperanzas ante el dolor.
Nadie le reconoció entre la bruma.
Nadie escuchó su aullido de lucha y rescoldo.
Desapareció tras la mata de avenidas.
- ¿Alguien ha visto a Epifanía?-
Llevaba puesta una chalina y unas manos callosas.
Llevaba la canasta del trabajo
apetecida como la imagen de Dios en su risa
y el cansancio dentro del zapato.
Su foto inunda el mercado y los paseos.
¡Sus ojos de lluvia son tocados por los dedos!
Epifanía no sabía de leyes, ni de renombres.
Ignoraba lo que no es cálido y siguió…
Valiente como ella misma, como Epifanía.
Alguien encontró su rostro entre los fangos
abierto su vientre y sus párpados.
La vida le arrancaron junto con sus callosas manos.
A ella, que perdió su canasta en desvaríos.
A ella, a quien nadie sus aullidos de guerra escuchó…
Ahora los cielos gritan para sí enrarecidos:
¡Epifanía es mi madre, Epifanía es mi hermana!
¡Epifanía es mi hija, Epifanía en mi esposa amada!
Mientras sus ojos son tocados por los dedos
que matan nuevamente su alma de injusticia.
Epifanía, la de los claros de alborada…
La que nació con el sol en sus pupilas negras.
Ahora sólo es un ansioso grano de arena más
en el paraíso gentil de las Epifanías extraviadas.
Las que encontraron y las nunca halladas...
…©
margaritas y rosas en recuerdo
fueron sus cantos de tierra y maíz de oro.
Ella no conoció el saber, ni leyó…
Jamás descifró la armadura de su nombre.
Epifanía se perdió esa mañana burda
como se pierden las esperanzas ante el dolor.
Nadie le reconoció entre la bruma.
Nadie escuchó su aullido de lucha y rescoldo.
Desapareció tras la mata de avenidas.
- ¿Alguien ha visto a Epifanía?-
Llevaba puesta una chalina y unas manos callosas.
Llevaba la canasta del trabajo
apetecida como la imagen de Dios en su risa
y el cansancio dentro del zapato.
Su foto inunda el mercado y los paseos.
¡Sus ojos de lluvia son tocados por los dedos!
Epifanía no sabía de leyes, ni de renombres.
Ignoraba lo que no es cálido y siguió…
Valiente como ella misma, como Epifanía.
Alguien encontró su rostro entre los fangos
abierto su vientre y sus párpados.
La vida le arrancaron junto con sus callosas manos.
A ella, que perdió su canasta en desvaríos.
A ella, a quien nadie sus aullidos de guerra escuchó…
Ahora los cielos gritan para sí enrarecidos:
¡Epifanía es mi madre, Epifanía es mi hermana!
¡Epifanía es mi hija, Epifanía en mi esposa amada!
Mientras sus ojos son tocados por los dedos
que matan nuevamente su alma de injusticia.
Epifanía, la de los claros de alborada…
La que nació con el sol en sus pupilas negras.
Ahora sólo es un ansioso grano de arena más
en el paraíso gentil de las Epifanías extraviadas.
Las que encontraron y las nunca halladas...
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