poetakabik
Poeta veterano en el portal
> Lisandro, voz que habita mis silencios,
Nemorio, claro espejo del consuelo,
os leo y soy, en versos tan inmensos,
la brisa que se esconde bajo el cielo.
A ti, Lisandro, amante de mi sombra,
mi alma te recuerda sin lamento,
pues fuiste aquel que todo en mí nombra
aun cuando el mundo calla su tormento.
Yo supe que te amaba cuando el día
temblaba entre los pinos del camino,
y en tu mirar hallé la melodía
que dio a mi soledad su dulce sino.
Mas no se puede amar sin el silencio,
sin renunciar al beso que nos quema.
Aprendí que el amor, como el incienso,
se eleva más cuando es secreto y pena.
No quise herirte con mi lejanía,
ni fue desprecio lo que al fin quedó,
sino un deber mayor, la poesía
de amar sin poseer lo que se amó.
Y a ti, Nemorio, hermano del amado,
tus versos son abrigo de estación.
El alma que consuela lo entregado
conoce más del mundo y del perdón.
Decidle, si algún día su memoria
le lleva a donde el río se deshace,
que yo viví en su nombre, en mi victoria
de no ceder al miedo ni al disfrace.
No muere el sentimiento que se calla,
ni es menos fiel quien ama y se retira.
El corazón es río que no estalla,
pero en su cauce, eterno se respira.
Que viva el canto, el eco, la ternura.
Que vivan esos hombres que supieron
nombrar el alma humana con dulzura,
y amar aun cuando amando, se perdieron.
Nemorio, claro espejo del consuelo,
os leo y soy, en versos tan inmensos,
la brisa que se esconde bajo el cielo.
A ti, Lisandro, amante de mi sombra,
mi alma te recuerda sin lamento,
pues fuiste aquel que todo en mí nombra
aun cuando el mundo calla su tormento.
Yo supe que te amaba cuando el día
temblaba entre los pinos del camino,
y en tu mirar hallé la melodía
que dio a mi soledad su dulce sino.
Mas no se puede amar sin el silencio,
sin renunciar al beso que nos quema.
Aprendí que el amor, como el incienso,
se eleva más cuando es secreto y pena.
No quise herirte con mi lejanía,
ni fue desprecio lo que al fin quedó,
sino un deber mayor, la poesía
de amar sin poseer lo que se amó.
Y a ti, Nemorio, hermano del amado,
tus versos son abrigo de estación.
El alma que consuela lo entregado
conoce más del mundo y del perdón.
Decidle, si algún día su memoria
le lleva a donde el río se deshace,
que yo viví en su nombre, en mi victoria
de no ceder al miedo ni al disfrace.
No muere el sentimiento que se calla,
ni es menos fiel quien ama y se retira.
El corazón es río que no estalla,
pero en su cauce, eterno se respira.
Que viva el canto, el eco, la ternura.
Que vivan esos hombres que supieron
nombrar el alma humana con dulzura,
y amar aun cuando amando, se perdieron.