Sira
Poeta fiel al portal
Epístola de un adiós
Aun cuando la luz
abandone mis ojos celestes
y los contornos agrestes
de mi menuda anatomía se
tornen catatónicos e inertes,
deseo que mi recuerdo
perdure por siempre en
tu mente, vida mía.
Así como anhelo que vuelvas
a amar de nuevo, sufras y goces
con todo cuanto el mundo en
derredor tenga aún por ofrecerte.
Entretanto, tan sólo acúname
en silencio contra tu pecho
benévolo y candente;
y estrecha entre las tuyas
mis crispadas manos frías.
Porque sé muy bien que,
mientras tu corazón palpite,
una parte de mí también
burlará a la muerte.
Aun cuando la luz
abandone mis ojos celestes
y los contornos agrestes
de mi menuda anatomía se
tornen catatónicos e inertes,
deseo que mi recuerdo
perdure por siempre en
tu mente, vida mía.
Así como anhelo que vuelvas
a amar de nuevo, sufras y goces
con todo cuanto el mundo en
derredor tenga aún por ofrecerte.
Entretanto, tan sólo acúname
en silencio contra tu pecho
benévolo y candente;
y estrecha entre las tuyas
mis crispadas manos frías.
Porque sé muy bien que,
mientras tu corazón palpite,
una parte de mí también
burlará a la muerte.
Última edición:
::
::