Orfelunio
Poeta veterano en el portal
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Epitafio de una esquela
Entre las calles perseguía las sombras,
me hablaban sus luces de nuestras cosas;
hice examen de conciencia
y reuní todos mis poemas
en una sola poesía;
vi que todo era apariencia,
un montón de versos en edemas;
pobre ostentación de ser emblemas
del sentir una emoción que los valía;
y al fluir la sensación surgió la pena;
quemé todo renglón hecho poema
en el montón de aquella pira;
salvé sólo cuatro versos epitafio de una esquela:
“Amor, amar la bella huella;
amor, amarte quería,
¡Quemarme vivo!, morir por ella…
La poesía”
Me equivoqué,
los versos fueron cinco;
no sé por qué, ni temo al día;
mi pluma aún escribía…
En la odisea quedó el ahínco,
subí de nuevo hasta el Olimpo
que más gemía,
y comprobé que aquello etéreo,
era lo férreo de mi osadía.
Entre las calles perseguía las sombras,
me hablaban sus luces de nuestras cosas;
hice examen de conciencia
y reuní todos mis poemas
en una sola poesía;
vi que todo era apariencia,
un montón de versos en edemas;
pobre ostentación de ser emblemas
del sentir una emoción que los valía;
y al fluir la sensación surgió la pena;
quemé todo renglón hecho poema
en el montón de aquella pira;
salvé sólo cuatro versos epitafio de una esquela:
“Amor, amar la bella huella;
amor, amarte quería,
¡Quemarme vivo!, morir por ella…
La poesía”
Me equivoqué,
los versos fueron cinco;
no sé por qué, ni temo al día;
mi pluma aún escribía…
En la odisea quedó el ahínco,
subí de nuevo hasta el Olimpo
que más gemía,
y comprobé que aquello etéreo,
era lo férreo de mi osadía.
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