Nicolas Bera
Poeta recién llegado
Mecida cada instante, mañanera,
radiante como un sol, enfurecida,
debo nombrarte recurrentemente
cuando la acera, con tu llegada,
se inunde nuevamente en mi dolor.
Profunda soledad y amargura,
¡Cuán irreversible es tu amor!
¡Cuán despiadado es tu canto!
¡Cuán fugaz es nuestra aurora!
emprendedoras caricias del descuido.
Porque te he exhibido una tarde
de caricias, un invierno encarnecido,
un beso sigiloso, un ciprés inaudible:
con aromas que conduce el timonel
de toda angustia erradicada por mi alma.
Luego en aquel momento incomprensible,
aquel menester inactivo de pasión,
aquel fulgor irremediable, en ése instante:
una gota fría mojará tus hombros,
una brisa entorpecida te golpeará el sentimiento.
Como fría e irremediable es la aurora,
cuando el canto es inapreciable,
cuando tu amor es un lucero falto de luz,
ahí se hará el camino: cuando la hermosura
se despida en la huida de un nuevo atardecer.
radiante como un sol, enfurecida,
debo nombrarte recurrentemente
cuando la acera, con tu llegada,
se inunde nuevamente en mi dolor.
Profunda soledad y amargura,
¡Cuán irreversible es tu amor!
¡Cuán despiadado es tu canto!
¡Cuán fugaz es nuestra aurora!
emprendedoras caricias del descuido.
Porque te he exhibido una tarde
de caricias, un invierno encarnecido,
un beso sigiloso, un ciprés inaudible:
con aromas que conduce el timonel
de toda angustia erradicada por mi alma.
Luego en aquel momento incomprensible,
aquel menester inactivo de pasión,
aquel fulgor irremediable, en ése instante:
una gota fría mojará tus hombros,
una brisa entorpecida te golpeará el sentimiento.
Como fría e irremediable es la aurora,
cuando el canto es inapreciable,
cuando tu amor es un lucero falto de luz,
ahí se hará el camino: cuando la hermosura
se despida en la huida de un nuevo atardecer.