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En el epitafio deseo la sentencia del anormal, el mismo que nunca creyó en mesías, ni revolucionarios. Simplemente fui el producto de un simulacro mal ideado, en plena evolución globalizante, con publicidad y poesía.
En el epitafio deseo la sentencia del anormal, el mismo que nunca creyó en mesías, ni revolucionarios. Simplemente fui el producto de un simulacro mal ideado, en plena “evolución globalizante”, con publicidad y poesía.
Que bueno Nahuel. En este mundo globalizado todos nos sentimos unpoco simulacros llenos de publicidad, espero que no quede eso para nuestra posteridad.