Enrique Quiroz Castro
Poeta que considera el portal su segunda casa
"EQUINOCCIO DE AZAHARES"
El cenit de la muerte como el alba dormida
apagando luceros encristala sus manos.
y la fragua purpúrea desentierra a la vida:
¡Corazón rutilante de guarismos humanos!.
Se colmena de ahoras el fulgor de su llama
-cuando el río del alma se equinoccia de azahares-
y en la savia plateada que la noche derrama
se enfrutece de encanto su cantar de cantares.
Sabe el ave que anida cautelar sus polluelos
-aunque incuben sus sueños sobre ramas partidas-
desafiando a los montes, anidando en los cielos
cuando el sol andariego le ensoltece las vidas.
Y la tierra reclama sus manjares prohibidos
en delirio profundo que deshiela las venas
y se encausa en las ansias de los siglos perdidos
que universan de sangre su floresta de penas.
Porque he visto a la muerte, enquistando a la vida
una noche enjambrada de silvestre espejismo,
la conjuro envainando su guadaña bruñida,
porque asfixia perdones con su fiero egoísmo.
El dolor infinito desde el surco invisible
que germina la vida ¡la simiente sagrada! -
es testigo envidiado por el eco infalible,
renaciendo en la chispa de su propia alborada.
Desde un curvo arco iris - ¡tobogán de colores!
pude ver a la muerte persiguiendo mañanas,
descargando su furia sobre un pan de dolores,
como un árbol de mares lloviznando campanas.
Serpentín de pasiones la penumbra sin luna
se alimenta de estragos. Cuando exprime los pasos
que recoge del suelo, no respeta lagunas,
ni zorzales viajeros en cañada de ocasos.
Y la muerte festeja si el trigal se desgrana,
complaciendo a sus manos un violín de pesares
clarinete de angustias, guitarrón de jaranas
violonchelos de sangre zampoñados de andares.
Esta orquesta asemeja las galeras del sueño
del pirata fantasma que esmerila existencias
en las trampas nocturnas de aquel rubio bargueño,
-solitario mutante de equilibrio a demencia-.
Y la música escapa sin honrar su contrato
se refugia en torrentes de melifico inicio
y en agosto o setiembre vuelve hiel otro trato
con su nube escarlata de nitrógeno vicio.
Con sandalias de barro pisaré sus estrellas
y enlazando acuarelas, tarjaré su sonrisa
-congelada de ardores-, con las flores tan bellas
que lloviznan los cielos cuando el sol me bautiza.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
Piura, 11 de febrero del 2007.
El cenit de la muerte como el alba dormida
apagando luceros encristala sus manos.
y la fragua purpúrea desentierra a la vida:
¡Corazón rutilante de guarismos humanos!.
Se colmena de ahoras el fulgor de su llama
-cuando el río del alma se equinoccia de azahares-
y en la savia plateada que la noche derrama
se enfrutece de encanto su cantar de cantares.
Sabe el ave que anida cautelar sus polluelos
-aunque incuben sus sueños sobre ramas partidas-
desafiando a los montes, anidando en los cielos
cuando el sol andariego le ensoltece las vidas.
Y la tierra reclama sus manjares prohibidos
en delirio profundo que deshiela las venas
y se encausa en las ansias de los siglos perdidos
que universan de sangre su floresta de penas.
Porque he visto a la muerte, enquistando a la vida
una noche enjambrada de silvestre espejismo,
la conjuro envainando su guadaña bruñida,
porque asfixia perdones con su fiero egoísmo.
El dolor infinito desde el surco invisible
que germina la vida ¡la simiente sagrada! -
es testigo envidiado por el eco infalible,
renaciendo en la chispa de su propia alborada.
Desde un curvo arco iris - ¡tobogán de colores!
pude ver a la muerte persiguiendo mañanas,
descargando su furia sobre un pan de dolores,
como un árbol de mares lloviznando campanas.
Serpentín de pasiones la penumbra sin luna
se alimenta de estragos. Cuando exprime los pasos
que recoge del suelo, no respeta lagunas,
ni zorzales viajeros en cañada de ocasos.
Y la muerte festeja si el trigal se desgrana,
complaciendo a sus manos un violín de pesares
clarinete de angustias, guitarrón de jaranas
violonchelos de sangre zampoñados de andares.
Esta orquesta asemeja las galeras del sueño
del pirata fantasma que esmerila existencias
en las trampas nocturnas de aquel rubio bargueño,
-solitario mutante de equilibrio a demencia-.
Y la música escapa sin honrar su contrato
se refugia en torrentes de melifico inicio
y en agosto o setiembre vuelve hiel otro trato
con su nube escarlata de nitrógeno vicio.
Con sandalias de barro pisaré sus estrellas
y enlazando acuarelas, tarjaré su sonrisa
-congelada de ardores-, con las flores tan bellas
que lloviznan los cielos cuando el sol me bautiza.
AUTOR:
ENRIQUE QUIROZ CASTRO
abelenqc@hotmail.com
Piura, 11 de febrero del 2007.
::::
