BEN.
Poeta que considera el portal su segunda casa
Lo único a lo que me aferro
mi corazón intacto de semillas y de fuentes
al cabello exacto de mis tristes dientes leoninos
a la fiereza indómita de mis labios subversivos.
Lo único que me sustenta todavía
mi fe ciega en lo imposible, materias vernáculas
sensibilidades aplastadas por el vértigo indecente
de cúpulas desarraigadas, inmensidades de piélago
exiguo. Gota a gota cae el mármol indeciso, la palabra
agotada, el néctar prohibido sobre divinidades obturadas.
Y mi alma sigue en pie, ciega a los tributos
que otros se exigen, que los demás conceden.
No, no será mi alma presa de los extinguidos fuegos,
de las ladinas superficialidades y de los dientes oscuros
de la flor. No, no seré presa de un castigo ulterior,
de sombríos y remotos ríos azules, de aguas profanadas
en los labios como un llanto cerúleo siempre cayendo.
Ni de los látigos ni de las esclavitudes que tanto adoran,
becerros de oro, tablas desinhibidas, sexuales gotas
de perfume inventariado en la memoria. Será sufrir
mi imperio de demolidas estatuas, de lodos incesantes,
de canciones al borde del abismo. Será mi estulticia
crimen para los pastores, algo que come dientecitos
de oro en las cunetas asfixiadas.©
mi corazón intacto de semillas y de fuentes
al cabello exacto de mis tristes dientes leoninos
a la fiereza indómita de mis labios subversivos.
Lo único que me sustenta todavía
mi fe ciega en lo imposible, materias vernáculas
sensibilidades aplastadas por el vértigo indecente
de cúpulas desarraigadas, inmensidades de piélago
exiguo. Gota a gota cae el mármol indeciso, la palabra
agotada, el néctar prohibido sobre divinidades obturadas.
Y mi alma sigue en pie, ciega a los tributos
que otros se exigen, que los demás conceden.
No, no será mi alma presa de los extinguidos fuegos,
de las ladinas superficialidades y de los dientes oscuros
de la flor. No, no seré presa de un castigo ulterior,
de sombríos y remotos ríos azules, de aguas profanadas
en los labios como un llanto cerúleo siempre cayendo.
Ni de los látigos ni de las esclavitudes que tanto adoran,
becerros de oro, tablas desinhibidas, sexuales gotas
de perfume inventariado en la memoria. Será sufrir
mi imperio de demolidas estatuas, de lodos incesantes,
de canciones al borde del abismo. Será mi estulticia
crimen para los pastores, algo que come dientecitos
de oro en las cunetas asfixiadas.©