salerin
Poeta que considera el portal su segunda casa
... Y me volví al cuadro, Preciado.
Aunque el áureo de su marco
me hizo recordarlo,
no sus ojos, ni sus manos,
ni sus labios, ni su manto,
hallóme recordándolo.
Luego, alejándome,
entendí que para el tiempo
faltaba poco.
No obstante, repuse en el cuadro,
y ya casi agotado
descubrí a donde mis tibias facultades me llevaron:
era a su gloria, a su aureola, Preciado.
Despues hubo aplausos,
abrazos...:
era diciembre veinticinco, era NAVIDAD.
Aunque el áureo de su marco
me hizo recordarlo,
no sus ojos, ni sus manos,
ni sus labios, ni su manto,
hallóme recordándolo.
Luego, alejándome,
entendí que para el tiempo
faltaba poco.
No obstante, repuse en el cuadro,
y ya casi agotado
descubrí a donde mis tibias facultades me llevaron:
era a su gloria, a su aureola, Preciado.
Despues hubo aplausos,
abrazos...:
era diciembre veinticinco, era NAVIDAD.