ERAN LOS TIEMPOS DE
Estatuas de humo impedían
la aproximación erótica de las cifras
hasta que los vendavales de la tarde
acercaban el sol a los lupanares.
Vientos de nobleza reprimida
viajaban en los landós blasonados
y en los teatros de ópera se entonaban
las salmodias bufas de los goliardos
Eran tiempos de canalla e hipócrita golfería
de banales alcaravanes ocultos tras los visillos
las mocitas casaderas esperan, esperan
a que los criados se ennoblezcan
para suspirar sus encantos
Reyes virtuales se corrompen a la luz
de los fríos ventanales que los separan del hielo
algunos clasifican desordenamente los libelos
que reclaman guillotinas o caballos de repuesto
Eran tiempos de canalla revolucionaria
y en los confesionarios los discretos sacerdotes
diseñaban cisnes de cuello impoluto
blancos reclamos para sus alzacuellos
Los jardines amortizados por los claroscuros del alba
retozaban nuevamente con las risas pecadoras
y los susurros de los galanes recién traídos del campo
susurros de guadañas cortadoras de los más dorados trigos
Temerosos de ser convertidos en olmos
los pequeños adoradores de Dionisios
cambian el frescor de sus hojas nuevas
por los verdinegros hábitos de monjas excomulgadas
Los casuarios indómitos esperan a las vedettes
para ofrecerles sus plumas en el acto del sacrificio supremo
esperando la llegada del monzón o el barco del correo malayo
ern los tiempos absurdos de la abolición de los armiños.
Vuelvan todos, señoras y caballeros, a sus puestos de partida
el reparto de los nuevos argumentos va a iniciarse
y todas las sillas libres serán adjudicadas a los tigres
los polisones manchados de sangre se devolverán al armario.
Las nubes cargadas de esputos
defecarán sobre las mesas de juego
serán los tiempos de las nuevas glorias
Ilust.: “Una vez un perro le ladró a una máscara”.- Leonora Carington
Estatuas de humo impedían
la aproximación erótica de las cifras
hasta que los vendavales de la tarde
acercaban el sol a los lupanares.
Vientos de nobleza reprimida
viajaban en los landós blasonados
y en los teatros de ópera se entonaban
las salmodias bufas de los goliardos
Eran tiempos de canalla e hipócrita golfería
de banales alcaravanes ocultos tras los visillos
las mocitas casaderas esperan, esperan
a que los criados se ennoblezcan
para suspirar sus encantos
Reyes virtuales se corrompen a la luz
de los fríos ventanales que los separan del hielo
algunos clasifican desordenamente los libelos
que reclaman guillotinas o caballos de repuesto
Eran tiempos de canalla revolucionaria
y en los confesionarios los discretos sacerdotes
diseñaban cisnes de cuello impoluto
blancos reclamos para sus alzacuellos
Los jardines amortizados por los claroscuros del alba
retozaban nuevamente con las risas pecadoras
y los susurros de los galanes recién traídos del campo
susurros de guadañas cortadoras de los más dorados trigos
Temerosos de ser convertidos en olmos
los pequeños adoradores de Dionisios
cambian el frescor de sus hojas nuevas
por los verdinegros hábitos de monjas excomulgadas
Los casuarios indómitos esperan a las vedettes
para ofrecerles sus plumas en el acto del sacrificio supremo
esperando la llegada del monzón o el barco del correo malayo
ern los tiempos absurdos de la abolición de los armiños.
Vuelvan todos, señoras y caballeros, a sus puestos de partida
el reparto de los nuevos argumentos va a iniciarse
y todas las sillas libres serán adjudicadas a los tigres
los polisones manchados de sangre se devolverán al armario.
Las nubes cargadas de esputos
defecarán sobre las mesas de juego
serán los tiempos de las nuevas glorias
Ilust.: “Una vez un perro le ladró a una máscara”.- Leonora Carington