Javier B
Poeta fiel al portal
Eras como la tarde con sus dardos de fuego,
como camino sembrado de fragmentos de tiempo,
y atacabas al viejo mar de caracolas
con tu golpe de arena sosegada,
mientras te contemplaba un sol abochornado,
el mismo sol que consumió
pedazos de mañana humedecida en tu horizonte.
Eras como la tarde y aún yo te recuerdo
con tus mejillas tapizadas de acrobacias
y letanías de tus pétalos callados;
con diestras manos de tijera
cortando el césped de los mares
para que la nostalgia
no llorara pedazos de la noche
en el ombligo sucio de la luna.
Eras camino y campo,
como un pez naufragando en el olvido de las olas,
como volando por los cielos de algodones y gaviotas,
allá donde los mástiles
sacuden sus tristezas de terco vagabundo.
Ahí te hallé alguna mañana
con tu mirada de guardián envejecido,
trasegando trasfusiones de miserias en tus venas,
con el manto de brisa mancillando tu mañana,
lívida como ajuar de novias olvidadas,
tan parecida a los geranios de los campos de petróleo
y a la vez tan diferente.
Cuando te vi llegar,
llevabas un lamento de arrecifes amarrado a tus espaldas,
y sangrabas con la noche por tus fétidas cantinas,
porque tu corazón se fue tras la condena
del señor de los retretes que le vende
sanaciones de cristal a los difuntos,
que enturbian sueños en el lago putrefacto de los miedos.
El lago donde perdió sus inocencias la corrupción del metro,
a manos del ladrón de mariposas
que gravita en este valle resacas recicladas.
Eras como la tarde de robalos asustados
cazando dentelladas de sol sobre las olas
en la lepra del mar
que se arrincona entre tus brazos
con tus ojos de faro y tu latido de bahía
que alguna tarde vieja en mi balcón drenó mi llanto.
Eras como la tarde, o tal vez la tarde siempre fuiste tú,
¿Cómo saberlo?
- Javier
Y la versión rimada:
Eras como la tarde con sus dardos de fuego,
eras camino lleno de recuerdos y olas,
arenas subyugadas en el manso sosiego
del viejo mar gimiendo con voz de caracolas.
Eras como la tarde, aún yo te recuerdo
con tus rojas mejillas cargadas de esperanza,
con pétalos callados y el mar en que me pierdo
cuando pesco memorias repletas de añoranza.
Con esas diestras manos ibas cortando el césped
que cubría tus mares de penas a mansalva
para que la nostalgia no fuera un terco huésped,
para que tu cordura no se escondiera al alba.
Ahí fue que te hallé, sangrando en las arenas
con tu mirada triste de guardián abatido,
bebiendo trasfusiones de llantos en tus venas,
y vomitando cuentos que te dejó el olvido.
Mientras te contemplaba, un sol abochornado,
salió a pintar de rojo la cúspide del monte,
el mismo sol que antes había coloreado
pedazos de mañana del húmedo horizonte.
Como un manto de brisa cubriendo tu mañana,
lívida como ajuar de novia arrepentida
me miraste con pena detrás de tu ventana
tratando de ocultar las huellas de tu herida.
Eras campo y tristeza, como pez que naufraga
entre las suaves olas de rítmicos vaivenes,
un cielo de algodones que poco a poco apaga
el vuelo de gaviotas que todavía tienes.
Cuando te vi llegar, llevabas un lamento
de agrestes arrecifes atado a tus esquinas,
sangrabas con la noche, lanzando por el viento
los gritos estridentes de fétidas cantinas.
Y es que diste tus calles al clan de los retretes
que vende sanaciones de mierda a los difuntos
esos que enturbian sueños envueltos en billetes
y los cubren de miedos, presagios y barruntos.
Eras como la tarde de lunas y de ocasos
cazando dentelladas de sol sobre las olas
con la lepra del mar corriendo por tus brazos,
mientras las prostitutas rodeaban tus farolas.
Eras como una anciana con tus ojos de faro
y tu latir cansado de arrullos de bahía
guardé mis sueños viejos al ver tu desamparo
y sin decir adiós, partí en la noche fría.
- Javier
como camino sembrado de fragmentos de tiempo,
y atacabas al viejo mar de caracolas
con tu golpe de arena sosegada,
mientras te contemplaba un sol abochornado,
el mismo sol que consumió
pedazos de mañana humedecida en tu horizonte.
Eras como la tarde y aún yo te recuerdo
con tus mejillas tapizadas de acrobacias
y letanías de tus pétalos callados;
con diestras manos de tijera
cortando el césped de los mares
para que la nostalgia
no llorara pedazos de la noche
en el ombligo sucio de la luna.
Eras camino y campo,
como un pez naufragando en el olvido de las olas,
como volando por los cielos de algodones y gaviotas,
allá donde los mástiles
sacuden sus tristezas de terco vagabundo.
Ahí te hallé alguna mañana
con tu mirada de guardián envejecido,
trasegando trasfusiones de miserias en tus venas,
con el manto de brisa mancillando tu mañana,
lívida como ajuar de novias olvidadas,
tan parecida a los geranios de los campos de petróleo
y a la vez tan diferente.
Cuando te vi llegar,
llevabas un lamento de arrecifes amarrado a tus espaldas,
y sangrabas con la noche por tus fétidas cantinas,
porque tu corazón se fue tras la condena
del señor de los retretes que le vende
sanaciones de cristal a los difuntos,
que enturbian sueños en el lago putrefacto de los miedos.
El lago donde perdió sus inocencias la corrupción del metro,
a manos del ladrón de mariposas
que gravita en este valle resacas recicladas.
Eras como la tarde de robalos asustados
cazando dentelladas de sol sobre las olas
en la lepra del mar
que se arrincona entre tus brazos
con tus ojos de faro y tu latido de bahía
que alguna tarde vieja en mi balcón drenó mi llanto.
Eras como la tarde, o tal vez la tarde siempre fuiste tú,
¿Cómo saberlo?
- Javier
Y la versión rimada:
Eras como la tarde con sus dardos de fuego,
eras camino lleno de recuerdos y olas,
arenas subyugadas en el manso sosiego
del viejo mar gimiendo con voz de caracolas.
Eras como la tarde, aún yo te recuerdo
con tus rojas mejillas cargadas de esperanza,
con pétalos callados y el mar en que me pierdo
cuando pesco memorias repletas de añoranza.
Con esas diestras manos ibas cortando el césped
que cubría tus mares de penas a mansalva
para que la nostalgia no fuera un terco huésped,
para que tu cordura no se escondiera al alba.
Ahí fue que te hallé, sangrando en las arenas
con tu mirada triste de guardián abatido,
bebiendo trasfusiones de llantos en tus venas,
y vomitando cuentos que te dejó el olvido.
Mientras te contemplaba, un sol abochornado,
salió a pintar de rojo la cúspide del monte,
el mismo sol que antes había coloreado
pedazos de mañana del húmedo horizonte.
Como un manto de brisa cubriendo tu mañana,
lívida como ajuar de novia arrepentida
me miraste con pena detrás de tu ventana
tratando de ocultar las huellas de tu herida.
Eras campo y tristeza, como pez que naufraga
entre las suaves olas de rítmicos vaivenes,
un cielo de algodones que poco a poco apaga
el vuelo de gaviotas que todavía tienes.
Cuando te vi llegar, llevabas un lamento
de agrestes arrecifes atado a tus esquinas,
sangrabas con la noche, lanzando por el viento
los gritos estridentes de fétidas cantinas.
Y es que diste tus calles al clan de los retretes
que vende sanaciones de mierda a los difuntos
esos que enturbian sueños envueltos en billetes
y los cubren de miedos, presagios y barruntos.
Eras como la tarde de lunas y de ocasos
cazando dentelladas de sol sobre las olas
con la lepra del mar corriendo por tus brazos,
mientras las prostitutas rodeaban tus farolas.
Eras como una anciana con tus ojos de faro
y tu latir cansado de arrullos de bahía
guardé mis sueños viejos al ver tu desamparo
y sin decir adiós, partí en la noche fría.
- Javier
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