Edfell Pilatos
Poeta asiduo al portal
Era un día como todos los demás
con sus horas y sus minutos, con
sus porvenires y pormenores.
Era un día como todos los demás
con sus carencias y disidencias,
con las sobras del mañana y (porque
en la mente siempre sobran los futuros)
con las faltas de algún ayer.
Ése día parecía no tener sus novedades,
y entonces, irrumpiste mis dudas cotidianas;
llegaste con el cambio de las horas alterando
mi conciencia semi muda. Y es que a veces
a la realidad le basta un hola para edificar un
nuevo presente.
Cuando pronunciaste el sonido de tu voz
y disparaste el gatillo de tu boca me
removiste de un letargo.
Viniste nueva y llegaste fresca,
tan nueva como el mañana
tan fresca como el futuro
tan viva como el invierno
tan valiente como el silencio,
tan bella como tu sonrisa
tan sonriente como tu vida.
Entraste con un hola e improvisaste
entre sonrisas...
Te vi, te oí, desperté. Y entonces,
reavivado en tu presencia dije:
En tu sonrisa está el mundo que yo sueño.
con sus horas y sus minutos, con
sus porvenires y pormenores.
Era un día como todos los demás
con sus carencias y disidencias,
con las sobras del mañana y (porque
en la mente siempre sobran los futuros)
con las faltas de algún ayer.
Ése día parecía no tener sus novedades,
y entonces, irrumpiste mis dudas cotidianas;
llegaste con el cambio de las horas alterando
mi conciencia semi muda. Y es que a veces
a la realidad le basta un hola para edificar un
nuevo presente.
Cuando pronunciaste el sonido de tu voz
y disparaste el gatillo de tu boca me
removiste de un letargo.
Viniste nueva y llegaste fresca,
tan nueva como el mañana
tan fresca como el futuro
tan viva como el invierno
tan valiente como el silencio,
tan bella como tu sonrisa
tan sonriente como tu vida.
Entraste con un hola e improvisaste
entre sonrisas...
Te vi, te oí, desperté. Y entonces,
reavivado en tu presencia dije:
En tu sonrisa está el mundo que yo sueño.
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