hombrebicho
Poeta asiduo al portal
ERASE UNA VEZ UN NIÑO
Erase una vez, un niño que se enamoró,
ya no era tan niño si esto sucedió,
dejó de ser un niño cuando ella lo besó,
a partir de ahí, este amor creció.
Él miraba las estrellas pensando en ella,
y siempre amor por ella en su corazón,
le decía cosas bonitas, eres la mas bella,
y ella al final también se enamoró.
Como el hombre que él se había convertido,
la protegía como un tesoro de Dios.
No había en su mundo nada mas que ella,
ella, su pelo, sus ojos y su amor.
Pasaron unos cuantos años de eso,
y finamente él con ella se casó.
Sueños, besos, anhelos y pasión,
esa noche, la flor ella le regaló.
Pasaron muy poquitos años,
la cigüeña por su casa pasó,
y un niño a ellos le concedió,
había formado una familia,
y para él el amor se multiplicó por dos.
Para él en este vida solo existe el amor.
Pasaron los años y él de viejo murió,
un pobre anciano que Dios todo se lo dio,
y finamente al paraíso se lo llevó.
Que bonita la vida de ese hombre,
su hijo jamás lo olvidará.
Pasarán los años y también se enamorará,
porque la sangre de su padre él heredó,
y por él, siempre corrió la felicidad.
El amor pasa de generación en generación,
y no intentéis nunca olvidarlo,
porque no se extinguirá jamás.
ya no era tan niño si esto sucedió,
dejó de ser un niño cuando ella lo besó,
a partir de ahí, este amor creció.
Él miraba las estrellas pensando en ella,
y siempre amor por ella en su corazón,
le decía cosas bonitas, eres la mas bella,
y ella al final también se enamoró.
Como el hombre que él se había convertido,
la protegía como un tesoro de Dios.
No había en su mundo nada mas que ella,
ella, su pelo, sus ojos y su amor.
Pasaron unos cuantos años de eso,
y finamente él con ella se casó.
Sueños, besos, anhelos y pasión,
esa noche, la flor ella le regaló.
Pasaron muy poquitos años,
la cigüeña por su casa pasó,
y un niño a ellos le concedió,
había formado una familia,
y para él el amor se multiplicó por dos.
Para él en este vida solo existe el amor.
Pasaron los años y él de viejo murió,
un pobre anciano que Dios todo se lo dio,
y finamente al paraíso se lo llevó.
Que bonita la vida de ese hombre,
su hijo jamás lo olvidará.
Pasarán los años y también se enamorará,
porque la sangre de su padre él heredó,
y por él, siempre corrió la felicidad.
El amor pasa de generación en generación,
y no intentéis nunca olvidarlo,
porque no se extinguirá jamás.
Juan Alonso Colete Dominguez
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