Lord Vélfragor
Poeta adicto al portal
Delicadeza entrecortada,
con las rápidas miradas,
con las rápidas despedidas,
al ser cortejada por idiotas,
Encerrados en su ego,
sin poder contemplar,
la gracia de tu belleza real,
enamorados de las joyas,
más no de la más hermosa,
Rodeada de lujos,
siendo tú simple, sublime,
arropada cual princesa,
siendo más noble tu piel desnuda,
que todos los adornos vistosos...
Resguardo tu persona,
hincándome a tu mirada,
cumpliendo el mínimo de caprichos,
haciéndote feliz en tu jaula de oro...
¿Acaso sabrás alguna vez?
que esa melodía que lleva tu nombre,
de mi corazón surgió... enamorado,
con la dicha de saberte dulce,
con la dicha de saberte ilusionada,
Entre notas escondo este amor,
con la espada te defiendo,
¡un caballero de leyenda!
¡Cobarde para raptarte!
¡Celoso de los que te acechan!
Guardo estas palabras,
con la rudeza de quien se duele,
al saber que ni mi nombre sabéis,
aun cuando mi sangre derramaría,
a solo una voz tuya...
¡Dulce Luna!
¡Sé testigo de mi amor!
siendo su corazón virgen,
el mío habiendo amado a tantas,
¿Que importa ello?
¡si ella sería la última y más amada!
¡Cubierta en el velo del romanticismo!
¡Ese que renace con solo el perfume suyo!
¡Ríanse de mí... compañeros!
¡Enamorado de ella!
¡Bebiendo en la hostería!
¡Entonando sonetos y canciones!
¡Matando a los enemigos!
¡Con mandolina en mano!
para recitar mis canciones...
¡De Ella y para Ella!
¿Acaso me escuchas princesa mía?
bajo tu balcón recito...
Shakespeare, Milton y Byron,
y aun así son poca cosa...
¡Te ama tu caballero!
¡Te anhela el hombre!
Y... al fin sucedió...
en oscuro balcón,
tú flamante figura,
brillantemente natural...
Respondes:
¡Te amo mi fiel amor!
¡Siempre he sabido de ti!
¡Inflamando mí querer mi pasión!
¡Huyamos!
¡Que yo seré de ti... como tu de mi!
Así sucedió, amigos,
que el amor nunca murió,
aun en su ataúd,
vivió... vivió su amor por mí...
L.V.
con las rápidas miradas,
con las rápidas despedidas,
al ser cortejada por idiotas,
Encerrados en su ego,
sin poder contemplar,
la gracia de tu belleza real,
enamorados de las joyas,
más no de la más hermosa,
Rodeada de lujos,
siendo tú simple, sublime,
arropada cual princesa,
siendo más noble tu piel desnuda,
que todos los adornos vistosos...
Resguardo tu persona,
hincándome a tu mirada,
cumpliendo el mínimo de caprichos,
haciéndote feliz en tu jaula de oro...
¿Acaso sabrás alguna vez?
que esa melodía que lleva tu nombre,
de mi corazón surgió... enamorado,
con la dicha de saberte dulce,
con la dicha de saberte ilusionada,
Entre notas escondo este amor,
con la espada te defiendo,
¡un caballero de leyenda!
¡Cobarde para raptarte!
¡Celoso de los que te acechan!
Guardo estas palabras,
con la rudeza de quien se duele,
al saber que ni mi nombre sabéis,
aun cuando mi sangre derramaría,
a solo una voz tuya...
¡Dulce Luna!
¡Sé testigo de mi amor!
siendo su corazón virgen,
el mío habiendo amado a tantas,
¿Que importa ello?
¡si ella sería la última y más amada!
¡Cubierta en el velo del romanticismo!
¡Ese que renace con solo el perfume suyo!
¡Ríanse de mí... compañeros!
¡Enamorado de ella!
¡Bebiendo en la hostería!
¡Entonando sonetos y canciones!
¡Matando a los enemigos!
¡Con mandolina en mano!
para recitar mis canciones...
¡De Ella y para Ella!
¿Acaso me escuchas princesa mía?
bajo tu balcón recito...
Shakespeare, Milton y Byron,
y aun así son poca cosa...
¡Te ama tu caballero!
¡Te anhela el hombre!
Y... al fin sucedió...
en oscuro balcón,
tú flamante figura,
brillantemente natural...
Respondes:
¡Te amo mi fiel amor!
¡Siempre he sabido de ti!
¡Inflamando mí querer mi pasión!
¡Huyamos!
¡Que yo seré de ti... como tu de mi!
Así sucedió, amigos,
que el amor nunca murió,
aun en su ataúd,
vivió... vivió su amor por mí...
L.V.