Robsalz
Poeta que considera el portal su segunda casa
Los cuentos de hadas de mi vida
nunca tuvieron un érase una vez,
siempre desarrollaron tramas a la deriva
y navegaron a contracorriente en desnudez.
Figuraron mil aspirantes a princesa
de esas que piden ayuda hasta para dar un beso,
nenas con un título en decadencia
y un arco iris en tonos blanco y negro.
Yo un príncipe azul desteñido,
con un castillo de hielo que se ha derretido en el verano,
por carruaje un par de zapatos de presidiario
y mi corona es una billetera vacía en el juzgado.
Mis cuentos de hadas tienen abundancia de brujas y fantasmas,
de muertos que se dieron cuenta que resucitar
era perder el tiempo,
de nada vale despertar por un momento
si al final de la luz vuelves al averno.
Dragones, fieras y damas en desgracia,
alguien por favor que tome en cuenta
que ésta nota lleva mi firma de sangre impregnada.
¿Un final feliz?
los finales que terminan nunca son felices,
hasta el sol flaquea cuando anochece
y ninguna luz permanece en su lumbre
más tiempo del que ocupa para apagarse.
nunca tuvieron un érase una vez,
siempre desarrollaron tramas a la deriva
y navegaron a contracorriente en desnudez.
Figuraron mil aspirantes a princesa
de esas que piden ayuda hasta para dar un beso,
nenas con un título en decadencia
y un arco iris en tonos blanco y negro.
Yo un príncipe azul desteñido,
con un castillo de hielo que se ha derretido en el verano,
por carruaje un par de zapatos de presidiario
y mi corona es una billetera vacía en el juzgado.
Mis cuentos de hadas tienen abundancia de brujas y fantasmas,
de muertos que se dieron cuenta que resucitar
era perder el tiempo,
de nada vale despertar por un momento
si al final de la luz vuelves al averno.
Dragones, fieras y damas en desgracia,
alguien por favor que tome en cuenta
que ésta nota lleva mi firma de sangre impregnada.
¿Un final feliz?
los finales que terminan nunca son felices,
hasta el sol flaquea cuando anochece
y ninguna luz permanece en su lumbre
más tiempo del que ocupa para apagarse.