Érase una vez

Gerardo Lugo

Cuervo gris
Este es otro cuento que inicia con un “érase una vez”
pero que no termina con un “fin” sino con un “tal vez”,
ahora a darle comienzo en este poema haré
antes de olvidar esta trágica historia y lo que fue


érase una vez un cuervo, (cabe añadir que soy yo)
que de un gato (ella) sin más que decir se enamoró
un amor insano e imposible como se darán cuenta
pero que el cuervo todavía al morir no lamenta


ella, una hermosa gata fina y de andar airoso
él, un ave negra, hosca y de un mirar monstruoso,
jamás conoció el cariño, ni un atisbo de alegría
en su plumaje llevaba las huellas de una vida fría


la vio por vez primera y nunca ese día él olvidara
que cuando por debajo un árbol ella se recostara,
una sensación extraña sintió en aquel instante
en el pecho una punzada, un dolor filtrante


desde ese momento quiso dar la vida por ella
sin conocerla, quiso alcanzar esa bella estrella,
él la amó desde aquel primer y último día
y se entregó al amor como un loco suicida


arrojándose sobre ella en un acto descabellado
batió las alas y sin pensar se reposó a su lado,
ella lo miró desconcertada por un momento
y en un segundo acabó su triste encuentro


de un zarpazo como relámpago en el cielo
el corazón le sacó al pobre ser de mal agüero
y devorándolo sin piedad o compasión alguna
con sangre quedó marcada su mala fortuna


pero ¡0h! no es algo triste, él murió contento
pues ese día marcó el final de su sufrimiento
dio su vida sin pensarlo en nombre del amor
entregando a su amada (la muerte) su dolor


ella lo llevará desde ahora consigo siempre
y él la cuidará incluso desde más allá de la muerte;
amor eterno en estos versos es lo que pintado ves
o son los delirios de un loco suicida, tal vez.
 
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