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Érase una vez...

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ERASE UNA VEZ...


Buscando entre los rastrojos

encontré la mujer de mi vida

grácil y verdinegra como lagartija

o catedral de los tiempos perdidos.


Sus ojos como carbones ardientes

remataban unos espléndidos senos

y sus cabellos, ah, sus cabellos,

en tiempos de sequía eran la envidia del viento.


Entre las piedras fugaces como horas

(¿que es una piedra en medio de la eternidad

o de unos campos de trigo?)

la mujer de mi vida reía de mi ridículo asombro.


Yo era muy joven todavía

en aquel tiempo en formación apenas nube

o caballo que piafaba sin descanso

en la tórrida hora de la siesta


Desde el fondo de los valles invadidos

por filodendros procaces

llegaban voces lastimeras

impetrando silencios.


Y la mujer de mi vida reía, reía como un ave del paraíso

su vientre de prodigiosa estulticia

se agitaba con los espasmos de su risa

y sus cabellos, ah sus cabellos, se hacían trizas como banderas derrotadas.


Era el fatídico anuncio que cumplía mis presagios

Mi pequeña e inquieta lagartija

color de catedral o de río desbordado

abrió su seno opalino para hacerlo mi refugio.


Pero mi destino era ser humano

humano como un hombre o un payaso

aunque mi primigenia forma fuese la de serpiente tentadora.

Y por eso la mujer de mi vida se reía de mi asombro.


No podía comprender que hubiese alumbrado

la roca que sería su refugio

fractálico argumento de la formación ex nihilo

del universo o de sus muslos de diosa.


Y mucho menos que los unicornios del valle

reclamasen el silencio de los muertos

impidiendo la alegría de mi piafar.

Campanas agrietadas fueron la respuesta.



Henri_Rousseau_-_Le_R%C3%AAve_-_Google_Art_Project.jpg


Ilust.: Henri Rousseau “le Douanier”. “Le Rêve”.
 
Última edición:
encontré la mujer de mi vida

Estimado Miguel, ¿quién no quiere encontrar la persona de su vida? Pasamos esta existencia con tantos errores en nuestra espaldas que nos impiden a veces mover. Tantas vigas en los ojos para ver lo que tenemos frente sin embargo su poema da esperanza, que aúnque no sepas de las cosas las podemos sentir. Tengo mas de media decada buscando, a lo largo del camino he besado uno que otro sapo, tengo tantas ganas de por fin besar a un prinicipe. Bello poema, bello todo al menos lo que me agarré.

Mis respetos en un abrazo de colores,
 
Última edición:
ERASE UNA VEZ...


Buscando entre los rastrojos

encontré la mujer de mi vida

grácil y verdinegra como lagartija

o catedral de los tiempos perdidos.


Sus ojos como carbones ardientes

remataban unos espléndidos senos

y sus cabellos, ah, sus cabellos,

en tiempos de sequía eran la envidia del viento.


Entre las piedras fugaces como horas

(¿que es una piedra en medio de la eternidad

o de unos campos de trigo?)

la mujer de mi vida reía de mi ridículo asombro.


Yo era muy joven todavía

en aquel tiempo en formación apenas nube

o caballo que piafaba sin descanso

en la tórrida hora de la siesta


Desde el fondo de los valles invadidos

por filodendros procaces

llegaban voces lastimeras

impetrando silencios.


Y la mujer de mi vida reía, reía como un ave del paraíso

su vientre de prodigiosa estulticia

se agitaba con los espasmos de su risa

y sus cabellos, ah sus cabellos, se hacían trizas como banderas derrotadas.


Era el fatídico anuncio que cumplía mis presagios

Mi pequeña e inquieta lagartija

color de catedral o de río desbordado

abrió su seno opalino para hacerlo mi refugio.


Pero mi destino era ser humano

humano como un hombre o un payaso

aunque mi primigenia forma fuese la de serpiente tentadora.

Y por eso la mujer de mi vida se reía de mi asombro.


No podía comprender que hubiese alumbrado

la roca que sería su refugio

fractálico argumento de la formación ex nihilo

del universo o de sus muslos de diosa.


Y mucho menos que los unicornios del valle

reclamasen el silencio de los muertos

impidiendo la alegría de mi piafar.

Campanas agrietadas fueron la respuesta.



Henri_Rousseau_-_Le_R%C3%AAve_-_Google_Art_Project.jpg


Ilust.: Henri Rousseau “le Douanier”. “Le Rêve”.
Acaso no seamos todos un poco piedras ocultas en un inmenso campo de trigo.
Me encantó tu poema y sobre todo esos cabellos que en tiempos de sequía son la envidia del viento o que se hacen trizas como banderas derrotadas. Gracias por ofrecernos tanta maravilla en tus letras. Un abrazo afectuoso.
 
ERASE UNA VEZ...


Buscando entre los rastrojos

encontré la mujer de mi vida

grácil y verdinegra como lagartija

o catedral de los tiempos perdidos.


Sus ojos como carbones ardientes

remataban unos espléndidos senos

y sus cabellos, ah, sus cabellos,

en tiempos de sequía eran la envidia del viento.


Entre las piedras fugaces como horas

(¿que es una piedra en medio de la eternidad

o de unos campos de trigo?)

la mujer de mi vida reía de mi ridículo asombro.


Yo era muy joven todavía

en aquel tiempo en formación apenas nube

o caballo que piafaba sin descanso

en la tórrida hora de la siesta


Desde el fondo de los valles invadidos

por filodendros procaces

llegaban voces lastimeras

impetrando silencios.


Y la mujer de mi vida reía, reía como un ave del paraíso

su vientre de prodigiosa estulticia

se agitaba con los espasmos de su risa

y sus cabellos, ah sus cabellos, se hacían trizas como banderas derrotadas.


Era el fatídico anuncio que cumplía mis presagios

Mi pequeña e inquieta lagartija

color de catedral o de río desbordado

abrió su seno opalino para hacerlo mi refugio.


Pero mi destino era ser humano

humano como un hombre o un payaso

aunque mi primigenia forma fuese la de serpiente tentadora.

Y por eso la mujer de mi vida se reía de mi asombro.


No podía comprender que hubiese alumbrado

la roca que sería su refugio

fractálico argumento de la formación ex nihilo

del universo o de sus muslos de diosa.


Y mucho menos que los unicornios del valle

reclamasen el silencio de los muertos

impidiendo la alegría de mi piafar.

Campanas agrietadas fueron la respuesta.



Henri_Rousseau_-_Le_R%C3%AAve_-_Google_Art_Project.jpg


Ilust.: Henri Rousseau “le Douanier”. “Le Rêve”.

Una verdadera joya de palabras, esta historia de la seducción, tan pulida y amena... una excelente lectura, todos mis aplausos, querido amigo Miguel. Un abrazo, y mis mejores deseos.
 
ERASE UNA VEZ...


Buscando entre los rastrojos

encontré la mujer de mi vida

grácil y verdinegra como lagartija

o catedral de los tiempos perdidos.


Sus ojos como carbones ardientes

remataban unos espléndidos senos

y sus cabellos, ah, sus cabellos,

en tiempos de sequía eran la envidia del viento.


Entre las piedras fugaces como horas

(¿que es una piedra en medio de la eternidad

o de unos campos de trigo?)

la mujer de mi vida reía de mi ridículo asombro.


Yo era muy joven todavía

en aquel tiempo en formación apenas nube

o caballo que piafaba sin descanso

en la tórrida hora de la siesta


Desde el fondo de los valles invadidos

por filodendros procaces

llegaban voces lastimeras

impetrando silencios.


Y la mujer de mi vida reía, reía como un ave del paraíso

su vientre de prodigiosa estulticia

se agitaba con los espasmos de su risa

y sus cabellos, ah sus cabellos, se hacían trizas como banderas derrotadas.


Era el fatídico anuncio que cumplía mis presagios

Mi pequeña e inquieta lagartija

color de catedral o de río desbordado

abrió su seno opalino para hacerlo mi refugio.


Pero mi destino era ser humano

humano como un hombre o un payaso

aunque mi primigenia forma fuese la de serpiente tentadora.

Y por eso la mujer de mi vida se reía de mi asombro.


No podía comprender que hubiese alumbrado

la roca que sería su refugio

fractálico argumento de la formación ex nihilo

del universo o de sus muslos de diosa.


Y mucho menos que los unicornios del valle

reclamasen el silencio de los muertos

impidiendo la alegría de mi piafar.

Campanas agrietadas fueron la respuesta.



Henri_Rousseau_-_Le_R%C3%AAve_-_Google_Art_Project.jpg


Ilust.: Henri Rousseau “le Douanier”. “Le Rêve”.
El designio de los momentos..., llegar como a un paraiso agendado donde el
crisol de la cadencia es como vitalidad para adornar esa amalgama que yo llamaria
garganta bordada de sensaciones. me gusto mucho. saludos afectuosos.
luzyabsenta
 

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