ORTIZ09
Poeta recién llegado
Sabes a sal y tu sudor es espuma,
cuando abres las alas y andas,
cuando revoloteas y como gaviota
anidas entre los árboles que alimentan
tu cascada de rosas blancas.
En tu rostro convergen las soledades,
los manantiales que me arrastran,
y te cubren, y te bañan,
y te vuelves mariposa de mil colores en la mañana.
Vuelas sutilmente, te elevas bella y delicada,
granizos que te adornan, orquestan que te cantan,
y tú tan princesa, tan enamorada.
Tu boca de fresa muerde y abraza,
endulza la noche, detiene el hambre de madrugada;
te pueblan caracoles y te sostienes en espinas,
¡oh mujer silenciosa!, de vestidos de hojas secas,
de palabras que no callan.
Con tu nombre se embelesen las melodías,
y en tu espina dorsal compongo
estos versos taciturnos de raudo oleaje,
de palabras gastadas, de tinta que arde al oler tu voz.
Y ya te veo, y ya eres cautelosa,
más parecida al viento que a la oscuridad estrellada,
con ese paseo de cabellos, con suaves muslos que te detallan,
diosa de marzo, amapola dorada,
tú, poetiza desnuda perfumada de nácar.
Mi sed es la ansia por tus sabores,
la aurora tu piel de porcelana,
y una madera castaña te prueba y te roza,
balada ábrega que figura un estival.
Ahora, ahora ya puedes caminar sobre la niebla,
levantar tus pies de hada,
que sí, ya es otoño,
lo dicen tus ojos en la ventana.
cuando abres las alas y andas,
cuando revoloteas y como gaviota
anidas entre los árboles que alimentan
tu cascada de rosas blancas.
En tu rostro convergen las soledades,
los manantiales que me arrastran,
y te cubren, y te bañan,
y te vuelves mariposa de mil colores en la mañana.
Vuelas sutilmente, te elevas bella y delicada,
granizos que te adornan, orquestan que te cantan,
y tú tan princesa, tan enamorada.
Tu boca de fresa muerde y abraza,
endulza la noche, detiene el hambre de madrugada;
te pueblan caracoles y te sostienes en espinas,
¡oh mujer silenciosa!, de vestidos de hojas secas,
de palabras que no callan.
Con tu nombre se embelesen las melodías,
y en tu espina dorsal compongo
estos versos taciturnos de raudo oleaje,
de palabras gastadas, de tinta que arde al oler tu voz.
Y ya te veo, y ya eres cautelosa,
más parecida al viento que a la oscuridad estrellada,
con ese paseo de cabellos, con suaves muslos que te detallan,
diosa de marzo, amapola dorada,
tú, poetiza desnuda perfumada de nácar.
Mi sed es la ansia por tus sabores,
la aurora tu piel de porcelana,
y una madera castaña te prueba y te roza,
balada ábrega que figura un estival.
Ahora, ahora ya puedes caminar sobre la niebla,
levantar tus pies de hada,
que sí, ya es otoño,
lo dicen tus ojos en la ventana.