Jose Anibal Ortiz Lozada
Poeta adicto al portal
Eres imposible,
como un acertijo en la noche sin luna,
como un viento que susurra secretos y se los lleva,
dejando solo el eco de lo que nunca será dicho.
Y yo,
irresistible,
me deslizo entre tus silencios,
cosechando cada pausa como si fuera una invitación,
como si tu piel fuera un mapa que me llama a perderme,
y tus labios, la brújula que siempre apunta al deseo.
Eres imposible,
tan cerca que casi puedo tocarte,
pero te desvaneces como el humo entre mis dedos,
burlando cada intento, cada suspiro.
Y yo,
irresistible,
persigo tu risa escondida entre palabras,
trazo tus líneas invisibles con el hambre de quien nunca se sacia,
porque sé que en tu imposibilidad encuentro mi razón,
en tu lejanía, el sabor de lo eterno.
Eres imposible,
y sin embargo,
en cada cruce de miradas,
en cada roce casual,
encuentro el universo que se abre para nosotros,
como si las estrellas también supieran que aunque no debo,
no puedo dejar de quererte.
Y yo,
irresistible,
bailo al compás de tu juego,
saboreando la dulzura de lo prohibido,
mientras cada paso nos acerca al borde del abismo,
donde tu imposibilidad y mi irresistible ser
se encuentran y se desvanecen,
juntos,
una vez más.
como un acertijo en la noche sin luna,
como un viento que susurra secretos y se los lleva,
dejando solo el eco de lo que nunca será dicho.
Y yo,
irresistible,
me deslizo entre tus silencios,
cosechando cada pausa como si fuera una invitación,
como si tu piel fuera un mapa que me llama a perderme,
y tus labios, la brújula que siempre apunta al deseo.
Eres imposible,
tan cerca que casi puedo tocarte,
pero te desvaneces como el humo entre mis dedos,
burlando cada intento, cada suspiro.
Y yo,
irresistible,
persigo tu risa escondida entre palabras,
trazo tus líneas invisibles con el hambre de quien nunca se sacia,
porque sé que en tu imposibilidad encuentro mi razón,
en tu lejanía, el sabor de lo eterno.
Eres imposible,
y sin embargo,
en cada cruce de miradas,
en cada roce casual,
encuentro el universo que se abre para nosotros,
como si las estrellas también supieran que aunque no debo,
no puedo dejar de quererte.
Y yo,
irresistible,
bailo al compás de tu juego,
saboreando la dulzura de lo prohibido,
mientras cada paso nos acerca al borde del abismo,
donde tu imposibilidad y mi irresistible ser
se encuentran y se desvanecen,
juntos,
una vez más.