Rosa Reeder
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eres el alba que rompe la sombra,
la brisa tibia que besa el trigal,
un río eterno que nunca se agota,
luz que en mis noches aprende a brillar.
Eres la llama que nunca vacila,
el dulce faro que al puerto me guía,
como la luna que abraza los mares,
sin poseerlos, pero dando vida.
Tu voz es viento que danza en las hojas,
tu risa, un eco que no morirá,
y en tu mirada, dos cielos se asoman,
donde mi alma se quiere quedar.
No eres un sueño que muere en la aurora,
ni mariposa que al aire se va,
eres raíz que sostiene mi tierra,
agua en mi fuente, pan en mi hogar.
Si el tiempo insiste en llevarse los días,
si el sol se esconde detrás del final,
yo te amaré como el árbol a vida,
con cada hoja… hasta la eternidad.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados
la brisa tibia que besa el trigal,
un río eterno que nunca se agota,
luz que en mis noches aprende a brillar.
Eres la llama que nunca vacila,
el dulce faro que al puerto me guía,
como la luna que abraza los mares,
sin poseerlos, pero dando vida.
Tu voz es viento que danza en las hojas,
tu risa, un eco que no morirá,
y en tu mirada, dos cielos se asoman,
donde mi alma se quiere quedar.
No eres un sueño que muere en la aurora,
ni mariposa que al aire se va,
eres raíz que sostiene mi tierra,
agua en mi fuente, pan en mi hogar.
Si el tiempo insiste en llevarse los días,
si el sol se esconde detrás del final,
yo te amaré como el árbol a vida,
con cada hoja… hasta la eternidad.
Rosa Maria Reeder
Derechos Reservados