Las enmieladas flores fueron volando
hacia el cristal diáfano de tus ojos.
En ellos todo era claridad,
era otro mundo,
lleno de mariposas
que revoloteaban
alrededor de tu alma,
surgido de la paz,
de la belleza,
del amor,
y que ahora me llega
como cuando llega el viento,
a través de tus luceros
hechos estrellas,
y de tus labios que se asemejan
al mundo llamado tierra.