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Tallo prendido del calor de tu amor, destello violáceo del astro bebido, hilo que mece la zarzamora de mi destino, nube que nuestro invierno desvanece en el latido del violín sin tiempo, en el baúl de tu recuerdo con tu pétalo despierto con el beso a aquel cielo descuelgo camino tu río de sabores las dunas de tus piernas se pierden en arena gime el segundo y el tiempo cae sordo noche que los minutos se hacen testigo de tus cielos bellos, de tus ojos de luna limando mi escarcha, alas tuyas que me acechan la templanza, el matojo reposa su cruel silencio el hierro tiempla la espada, la fuerza se vuelve sombra eterna, alma de voz eternamente enamorada sus estrellas cantan la dama se vuelve blanca dama de noche sus semillas me cuelgan los nervios en las arterias enardecidas que me surcas, vid de mi vida a veinticuatro flores de sangre, mi tierra olvidada niebla camina nuestros transeúntes riega tu solana de canela y tu lengua me tienta. Suave recorro tus labios de rosa, quemo la azúcar enraizo tu piel de arena, te lucen las estrellas y gatos nos acampan el alma, tiembla mi rama te descubre lo perplejo y de tu campo como el silencio me vuelvo grillo de tu pelo, ojos en tus ojos de olivo, mi vida que me acaricias la viveza acechando mi hora quieta te hago un vestido a caricias, nuestro bosque reverbera lo oculto y sentido a sí el idioma cae en las pestañas del silbido, blanca dama mía ámame ahora que el tiempo no es mío que mi suspiro solo es suspiro si te miro, sángrame los espejos con lluvia carmín del recuerdo, perdamos los bosquejos entre yedras que nos escalan los cuerpos vueltos ovillos de fuego, raspa el cielo fluorescente mi murciélago que encuentra la polilla de tu cuello, a cada luna que te espero entera, a cada sombra que te tiembla, cada parpadeo que descubro nuestro encuentro, en ese árbol está mi aliento de agua en esa piedra reposa mi fuego en esa montaña vive mi sentimiento, por las hojas al viento habla nuestro secreto, en cada latido de aliento que te pienso, en cada distancia vuelta océano de tus mares, vuelta pena de mora, tejen mis notas de tormenta mi humor llevado en las sangres del río, amarte como si la noche fueras tú, mi bella reina. El Castellano y Leannán-Sídhe
Tallo prendido del calor de tu amor, destello violáceo del astro bebido, hilo que mece la zarzamora de mi destino, nube que nuestro invierno desvanece en el latido del violín sin tiempo, en el baúl de tu recuerdo con tu pétalo despierto con el beso a aquel cielo descuelgo camino tu río de sabores las dunas de tus piernas se pierden en arena gime el segundo y el tiempo cae sordo noche que los minutos se hacen testigo de tus cielos bellos, de tus ojos de luna limando mi escarcha, alas tuyas que me acechan la templanza, el matojo reposa su cruel silencio el hierro tiempla la espada, la fuerza se vuelve sombra eterna, alma de voz eternamente enamorada sus estrellas cantan la dama se vuelve blanca dama de noche sus semillas me cuelgan los nervios en las arterias enardecidas que me surcas, vid de mi vida a veinticuatro flores de sangre, mi tierra olvidada niebla camina nuestros transeúntes riega tu solana de canela y tu lengua me tienta. Suave recorro tus labios de rosa, quemo la azúcar enraizo tu piel de arena, te lucen las estrellas y gatos nos acampan el alma, tiembla mi rama te descubre lo perplejo y de tu campo como el silencio me vuelvo grillo de tu pelo, ojos en tus ojos de olivo, mi vida que me acaricias la viveza acechando mi hora quieta te hago un vestido a caricias, nuestro bosque reverbera lo oculto y sentido a sí el idioma cae en las pestañas del silbido, blanca dama mía ámame ahora que el tiempo no es mío que mi suspiro solo es suspiro si te miro, sángrame los espejos con lluvia carmín del recuerdo, perdamos los bosquejos entre yedras que nos escalan los cuerpos vueltos ovillos de fuego, raspa el cielo fluorescente mi murciélago que encuentra la polilla de tu cuello, a cada luna que te espero entera, a cada sombra que te tiembla, cada parpadeo que descubro nuestro encuentro, en ese árbol está mi aliento de agua en esa piedra reposa mi fuego en esa montaña vive mi sentimiento, por las hojas al viento habla nuestro secreto, en cada latido de aliento que te pienso, en cada distancia vuelta océano de tus mares, vuelta pena de mora, tejen mis notas de tormenta mi humor llevado en las sangres del río, amarte como si la noche fueras tú, mi bella reina.