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ERIAL


Hubo una vez un tiempo

un tiempo de silencio, bruma y olvido

Yo viví durante aquel tiempo

aunque tal vez no fuese yo

y mis recuerdos sean de otro.

Viví en un campo íntimo

con el sol como cubierta

y algunas piedras y carcoles y lagartos

alfombrando ciertos trozos

descarnados.

Y árboles, o sólo un árbol con sus sombras:

sombra de la mañana, de la tarde,

sombras de los dos ocasos.

Sombra oscura enrojecida en las tardes de lujuria.

De vez en cuando una flor.

Yo, quienquiera que entonces fuese,

sabía por eso que ella me visitó aquella noche

y dejó esa flor como homenaje.


Porque era yo entonces un tipo

al que se podían agradecer ciertas cosas.

Era mi pequeño campo

como un mar sin dimensiones

Nunca lo navegó barco alguno

porque temían perderse

naufragar en el prodigio de sus olas

como rocas o edificios de cristal

habitados por nenúfares y asfodelos.


Teníamos yo y quienquiera que el otro fuese

un hermoso mar y sus reflejos

como espejo inacabable

como una nube que un día sobre él se disolvió

y se hizo tiempo.

Un tiempo de silencio,

de brumas y de olvidos.

Él, quien quiera que él fuese,

me preguntó porqué nunca llegan a nosotros

aquellos barcos alegres

que vienen de ninguna parte.

Aquellos blanquiazules barcos

con marineros morenos

y sirenas revestidas con sus escamas de plata.

Yo, simplemente, lloré

porque no tenía respuesta.


Él me miró tristemente

y semarchó hacia el ocaso, tras el sol.

Desde entonces no nacen flores entre las rocas

desde entonces no hay caracoles ni lagartos

ni ella me visita algunas noches

dejándome una flor como recuerdo.

Desde entonces es un erial

aquel que fue mi íntimo campo.


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Ilust.: Jean Cocteau
 
Última edición:
ERIAL


Hubo una vez un tiempo

un tiempo de silencio, bruma y olvido

Yo viví durante aquel tiempo

aunque tal vez no fuese yo

y mis recuerdos sean de otro.

Viví en un campo íntimo

con el sol como cubierta

y algunas piedras y carcoles y lagartos

alfombrando ciertos trozos

descarnados.

Y árboles, o sólo un árbol con sus sombras:

sombra de la mañana, de la tarde,

sombras de los dos ocasos.

Sombra oscura enrojecida en las tardes de lujuria.

De vez en cuando una flor.

Yo, quienquiera que entonces fuese,

sabía por eso que ella me visitó aquella noche

y dejó esa flor como homenaje.


Porque era yo entonces un tipo

al que se podían agradecer ciertas cosas.

Era mi pequeño campo

como un mar sin dimensiones

Nunca lo navegó barco alguno

porque temían perderse

naufragar en el prodigio de sus olas

como rocas o edificios de cristal

habitados por nenúfares y asfodelos.


Teníamos yo y quienquiera que el otro fuese

un hermoso mar y sus reflejos

como espejo inacabable

como una nube que un día sobre él se disolvió

y se hizo tiempo.

Un tiempo de silencio,

de brumas y de olvidos.

Él, quien quiera que él fuese,

me preguntó porqué nunca llegan a nosotros

aquellos barcos alegres

que vienen de ninguna parte.

Aquellos blanquiazules barcos

con marineros morenos

y sirenas revestidas con sus escamas de plata.

Yo, simplemente, lloré

porque no tenía respuesta.


Él me miró tristemente

y semarchó hacia el ocaso, tras el sol.

Desde entonces no nacen flores entre las rocas

desde entonces no hay caracoles ni lagartos

ni ella me visita algunas noches

dejándome una flor como recuerdo.

Desde entonces es un erial

aquel que fue mi íntimo campo.


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Ilust.: Jean Cocteau
Los barcos que ahora vienen ya son otros, con distintos colores y un aire distinto. Pero las flores aún siguen creciendo dentro de los libros, basta con abrir uno y el vergel está dispuesto. Gracias por tu poema. Abrazos afectuosos en esta última tarde del año.
 
Hubo una vez un tiempo
un tiempo de silencio, bruma y olvido
Yo viví durante aquel tiempo

AMADO poeta Miguel, he vivido esos tiempos, he estado y conozco muy bien los silencios
el olvido también. Cuando paso por sus letras tengo que dejar que la palabra escrita me lleve
y llene al leerla. Sus poemas se deben de leer lentos y saborear cada verso. Mis respetos en un
abrazo lleno de colores y mejores deseos para este 2021, que los deseos de su corazón se cumplan.
 
ERIAL


Hubo una vez un tiempo

un tiempo de silencio, bruma y olvido

Yo viví durante aquel tiempo

aunque tal vez no fuese yo

y mis recuerdos sean de otro.

Viví en un campo íntimo

con el sol como cubierta

y algunas piedras y carcoles y lagartos

alfombrando ciertos trozos

descarnados.

Y árboles, o sólo un árbol con sus sombras:

sombra de la mañana, de la tarde,

sombras de los dos ocasos.

Sombra oscura enrojecida en las tardes de lujuria.

De vez en cuando una flor.

Yo, quienquiera que entonces fuese,

sabía por eso que ella me visitó aquella noche

y dejó esa flor como homenaje.


Porque era yo entonces un tipo

al que se podían agradecer ciertas cosas.

Era mi pequeño campo

como un mar sin dimensiones

Nunca lo navegó barco alguno

porque temían perderse

naufragar en el prodigio de sus olas

como rocas o edificios de cristal

habitados por nenúfares y asfodelos.


Teníamos yo y quienquiera que el otro fuese

un hermoso mar y sus reflejos

como espejo inacabable

como una nube que un día sobre él se disolvió

y se hizo tiempo.

Un tiempo de silencio,

de brumas y de olvidos.

Él, quien quiera que él fuese,

me preguntó porqué nunca llegan a nosotros

aquellos barcos alegres

que vienen de ninguna parte.

Aquellos blanquiazules barcos

con marineros morenos

y sirenas revestidas con sus escamas de plata.

Yo, simplemente, lloré

porque no tenía respuesta.


Él me miró tristemente

y semarchó hacia el ocaso, tras el sol.

Desde entonces no nacen flores entre las rocas

desde entonces no hay caracoles ni lagartos

ni ella me visita algunas noches

dejándome una flor como recuerdo.

Desde entonces es un erial

aquel que fue mi íntimo campo.


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Ilust.: Jean Cocteau

Excelente poema pulido e impecable. Una auténtica delicia de lectura. Enhorabuena por tu arte, querido amigo Miguel. Un abrazo, próspero año nuevo!
 
Muchas gracias, Chema; muy agradecido por tus palabras de acogida a mis versos en esta última tarde del año, para muchos lúgubre, de 2020.
Barcos, flores, libros... fichas polícromas en el tablero de la vida que, con sus infinitas variaciones, van definiendo ese fractal inaprensible que, al final, resulta el vivir de cada uno. Un abrazo y mis deseos de que este nuevo año sea fructífero.
miguel
 
Hola, Guadalupe, mi querida y lejana amiga: de nuevo por esta tu casa, a la que alegras con tu presencia. Creo, como tú, que desde ese poso de silencios, de olvidos que forman un estrato inolvidable en el pasado de quienes necesitamos utilizar la poesía como lenguaje, nace nuestra expresión. Por eso es tan grato ver que, alguna vez, ese lenguaje es compartido y comprendido por almas gemelas alimentadas desde ese fértil sustrato. Bienvuelta y mis abrazos de AÑO NUEVO, Felicidades,
miguel
 
Hola, tribu: recibo casi con rubor estas primeras palabras tuyas en el año que comienza. Han sido versos dolorosos, de difícil gestación. Pero que, finalmente, he conseguido ofreceroslos. Espero seguir escribiendo siquiera sea por disfrutar de tus comentarios. Te deseo un muy FELIZ AÑO 2021. Un abrazo,
miguel
 
Última edición:
ERIAL


Hubo una vez un tiempo

un tiempo de silencio, bruma y olvido

Yo viví durante aquel tiempo

aunque tal vez no fuese yo

y mis recuerdos sean de otro.

Viví en un campo íntimo

con el sol como cubierta

y algunas piedras y carcoles y lagartos

alfombrando ciertos trozos

descarnados.

Y árboles, o sólo un árbol con sus sombras:

sombra de la mañana, de la tarde,

sombras de los dos ocasos.

Sombra oscura enrojecida en las tardes de lujuria.

De vez en cuando una flor.

Yo, quienquiera que entonces fuese,

sabía por eso que ella me visitó aquella noche

y dejó esa flor como homenaje.


Porque era yo entonces un tipo

al que se podían agradecer ciertas cosas.

Era mi pequeño campo

como un mar sin dimensiones

Nunca lo navegó barco alguno

porque temían perderse

naufragar en el prodigio de sus olas

como rocas o edificios de cristal

habitados por nenúfares y asfodelos.


Teníamos yo y quienquiera que el otro fuese

un hermoso mar y sus reflejos

como espejo inacabable

como una nube que un día sobre él se disolvió

y se hizo tiempo.

Un tiempo de silencio,

de brumas y de olvidos.

Él, quien quiera que él fuese,

me preguntó porqué nunca llegan a nosotros

aquellos barcos alegres

que vienen de ninguna parte.

Aquellos blanquiazules barcos

con marineros morenos

y sirenas revestidas con sus escamas de plata.

Yo, simplemente, lloré

porque no tenía respuesta.


Él me miró tristemente

y semarchó hacia el ocaso, tras el sol.

Desde entonces no nacen flores entre las rocas

desde entonces no hay caracoles ni lagartos

ni ella me visita algunas noches

dejándome una flor como recuerdo.

Desde entonces es un erial

aquel que fue mi íntimo campo.


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Ilust.: Jean Cocteau
Haber vivido de esas ilusiones que no quisieron ser compartidas. hoy queda
un ocaso y un alma que intenta refugierse en erial donde los telones de
la sensibilidad marcan esa convavidad tan perfecta como de maxima
intimidad. el poema deja como una danza sublime de tristeza.
saludos siempre con afecto de luzyabsenta
 
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