carlos lopez dzur
Poeta que considera el portal su segunda casa
Soy yo, Amada mía.
El que más te ama y en la montaña vive.
El que más distante de lo triste funda un nido.
El cazador de amores, el que cautiva
el aliento y vuela como un beso a la boca.
Tu amado soy. No te asustes.
El que llama su jardín tu cama blanda
por el aroma de tu rosa, por tu cuerpo
sabroso, abierto y tibio.
Escucha mi dulzura, amor, mis latidos.
Yo los susurro con la ternura posible.
Entiéndelos con la sensación de mis besos,
con un soplo de alas; con muy pocas palabras
porque el discurso miente.
Y la imagen se vuelve vaporosa.
Tú no preguntas más. Sólo recíbeme.
Abre el abrazo a mi noche; abre el corazón al mío.
Mi pisada es tenue y musical como un arpegio.
Vendré a tí como si realmente volara
por deseos de consumir enteramente tu alimento.
2.
Eres tú la más hermosa. No estás sola.
Yo soy el amor; no tengas miedo.
Otras te convocan a dividir tu mundo,
a deshacer lo Uno. Te piden que me quieras menos.
Que fundes la sospecha que extravía,
la incertidumbre que duele, que devalúes la dicha.
¿A quién piensas creer, Amada mía?
Extrañas tus hermanas y, a tus espaldas,
te envidian porque mereces la verdad
que para ellas todavía está en lo oscuro.
Te doy lo que ahora puedo, la caza del amor,
mi propia corazón herido por la flecha.
Es la verdad que ofrezco.
Tú eres el encanto, eres mi alma
y aún, en la carne que resiste,
la atracción mutua nos tiene satisfechos.
No preguntes más. Grata es la noche;
tú, me estremeces con el gozo;
el amor así es tan intenso,
no requiere nada más.
Ni identidad ni nombre.
6-11-2002 / Estéticas mostrencas y vitales
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/
El que más te ama y en la montaña vive.
El que más distante de lo triste funda un nido.
El cazador de amores, el que cautiva
el aliento y vuela como un beso a la boca.
Tu amado soy. No te asustes.
El que llama su jardín tu cama blanda
por el aroma de tu rosa, por tu cuerpo
sabroso, abierto y tibio.
Escucha mi dulzura, amor, mis latidos.
Yo los susurro con la ternura posible.
Entiéndelos con la sensación de mis besos,
con un soplo de alas; con muy pocas palabras
porque el discurso miente.
Y la imagen se vuelve vaporosa.
Tú no preguntas más. Sólo recíbeme.
Abre el abrazo a mi noche; abre el corazón al mío.
Mi pisada es tenue y musical como un arpegio.
Vendré a tí como si realmente volara
por deseos de consumir enteramente tu alimento.
2.
Eres tú la más hermosa. No estás sola.
Yo soy el amor; no tengas miedo.
Otras te convocan a dividir tu mundo,
a deshacer lo Uno. Te piden que me quieras menos.
Que fundes la sospecha que extravía,
la incertidumbre que duele, que devalúes la dicha.
¿A quién piensas creer, Amada mía?
Extrañas tus hermanas y, a tus espaldas,
te envidian porque mereces la verdad
que para ellas todavía está en lo oscuro.
Te doy lo que ahora puedo, la caza del amor,
mi propia corazón herido por la flecha.
Es la verdad que ofrezco.
Tú eres el encanto, eres mi alma
y aún, en la carne que resiste,
la atracción mutua nos tiene satisfechos.
No preguntes más. Grata es la noche;
tú, me estremeces con el gozo;
el amor así es tan intenso,
no requiere nada más.
Ni identidad ni nombre.
6-11-2002 / Estéticas mostrencas y vitales
http://carloslopezdzur-carlos.blogspot.com/