Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Hay un ángel dormido que aletea en mi interior
y que, en sueños, mueve sus manos blancas dulcemente
como un niño cuya cuna es el dolor y la muerte.
Cuando despierta, clava sus garras en mi corazón.
Es un ángel de cabello y ojos como la sangre;
la palidez de su piel es frialdad inmaculada.
Y cuando estás cerca, poco a poco va abriendo sus alas;
se aferra a mis huesos y desde allí intenta rozarte.
El ángel condenado a vivir dentro de los humanos
y a hacer de sus entrañas el más confortable lecho.
Lo llaman amor; la bestia desterrada que fue Eros,
y que cobra vida cuando te tengo entre mis brazos.
y que, en sueños, mueve sus manos blancas dulcemente
como un niño cuya cuna es el dolor y la muerte.
Cuando despierta, clava sus garras en mi corazón.
Es un ángel de cabello y ojos como la sangre;
la palidez de su piel es frialdad inmaculada.
Y cuando estás cerca, poco a poco va abriendo sus alas;
se aferra a mis huesos y desde allí intenta rozarte.
El ángel condenado a vivir dentro de los humanos
y a hacer de sus entrañas el más confortable lecho.
Lo llaman amor; la bestia desterrada que fue Eros,
y que cobra vida cuando te tengo entre mis brazos.