Marco Rosmarine
Poeta recién llegado
Máldita soledad inerte,
en tu abismo sólo viven
besos como escarpias,
y el dolor eterno
del que no entiende
de abrazos;
del erudito en penas.
En tu abismo,
la lluvia son lágrimas
empañándolo todo,
ahogando el aire,
y golpeando,
de vez de cuando,
mi cabeza,
como cristales.
Se fragua en ti la maldad,
de la avaricia en los rincones,
de la soberbia del que es besado
aún sin merecerlo,
de las libertades
encarnadas en seres gobernados,
del que se sabe rendido;
del que se rinde,
aún sin ser vencido.
En tu abismo,
dormitan aquellos seres
de manos acobardadas,
de aciagos versos
y de trágica vida.
Manos,
como la mía.
Seres,
como el que me habita.
en tu abismo sólo viven
besos como escarpias,
y el dolor eterno
del que no entiende
de abrazos;
del erudito en penas.
En tu abismo,
la lluvia son lágrimas
empañándolo todo,
ahogando el aire,
y golpeando,
de vez de cuando,
mi cabeza,
como cristales.
Se fragua en ti la maldad,
de la avaricia en los rincones,
de la soberbia del que es besado
aún sin merecerlo,
de las libertades
encarnadas en seres gobernados,
del que se sabe rendido;
del que se rinde,
aún sin ser vencido.
En tu abismo,
dormitan aquellos seres
de manos acobardadas,
de aciagos versos
y de trágica vida.
Manos,
como la mía.
Seres,
como el que me habita.
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