Es de crédulos pensar que existe,
un amor como el tuyo y el mío,
es impresionante saber que fuiste,
el mayor pecado mío.
Junto los dos, nos hicimos daño,
pensamos cosas a la ligera,
fuimos dejando que pasaran los años,
he aquí ahora el dolor que nos desespera.
Cuan dura fue tú fuerza y la mía,
cual desgracia fue la que nos hicimos,
cuantas espinas clavadas tengo todavía,
a cuantos corazones, sin querer herimos.
La desgracia no es motivo de alegría,
y si te escribo fue por algo que tuvimos
que remediar en aquellos tristes días,
la verdad nos ha demostrado, que perdimos.
Hoy regreso y aunque sepa que estoy preso,
de mi pecho no ha salido la agonía,
tristemente es por eso que confieso,
que jamas pensé que tu amor yo perdería.
Y la vida me ha demostrado más que eso,
que soy pobre, inefable y que daría,
todo por volver a ser confeso,
por volver a ser el que me pedías.
He jugado con mi mente a los tropiezos,
creyendo que después me perdonarías,
ya de nada vale tanto esfuerzo,
si ya no tengo corazón, ni poesía.
un amor como el tuyo y el mío,
es impresionante saber que fuiste,
el mayor pecado mío.
Junto los dos, nos hicimos daño,
pensamos cosas a la ligera,
fuimos dejando que pasaran los años,
he aquí ahora el dolor que nos desespera.
Cuan dura fue tú fuerza y la mía,
cual desgracia fue la que nos hicimos,
cuantas espinas clavadas tengo todavía,
a cuantos corazones, sin querer herimos.
La desgracia no es motivo de alegría,
y si te escribo fue por algo que tuvimos
que remediar en aquellos tristes días,
la verdad nos ha demostrado, que perdimos.
Hoy regreso y aunque sepa que estoy preso,
de mi pecho no ha salido la agonía,
tristemente es por eso que confieso,
que jamas pensé que tu amor yo perdería.
Y la vida me ha demostrado más que eso,
que soy pobre, inefable y que daría,
todo por volver a ser confeso,
por volver a ser el que me pedías.
He jugado con mi mente a los tropiezos,
creyendo que después me perdonarías,
ya de nada vale tanto esfuerzo,
si ya no tengo corazón, ni poesía.