Paul.Acosta
Poeta recién llegado
Es deseo.
Es presenciar su contenido,
es ver caer lluvia sobre su espalda escarchada
por los rayos de una farola distante,
es un pensamiento escrito entre mis manos
que asciende con el lenguaje en su sonrisa,
citando es más ausente la atadura de sus besos
y el pecado se hace pequeño
si el hilo de su escote semi desnudo llega a mis iris...
duplicada percepción que intuye e improvisa
un temblor sin borrador de sus caricias
que pasan de una lujuria a otra
cuando mis manos desbordan su entrepierna,
inquilinos de los cielos al enarbolar
el mensaje dulcificado de la dicha;
más aún, cuando destruye mi fortaleza con su deseo.
Es vivir en su cuento apasionado
tan solo una historia, que ya es una vida
impulsando mi corazón de latidos más audaces
y más feroces cada vez que la noche nos encuentra...
adopta la expresión que lleva adentro el amor,
idéntico en su alboreado ritmo,
y ya sin ruido desata las muñecas amantes.
Son unos versos bajo las luces prohibidas,
cabe implorar la fuerza natural de una caricia
contundente y en complicidad con la codicia,
acercamiento de sus piernas
que en cada amanecer de sueños,
me engulle en sus múltiples mareas.
Edwin Paúl Acosta Peña © DERECHO RESERVADO.
Es presenciar su contenido,
es ver caer lluvia sobre su espalda escarchada
por los rayos de una farola distante,
es un pensamiento escrito entre mis manos
que asciende con el lenguaje en su sonrisa,
citando es más ausente la atadura de sus besos
y el pecado se hace pequeño
si el hilo de su escote semi desnudo llega a mis iris...
duplicada percepción que intuye e improvisa
un temblor sin borrador de sus caricias
que pasan de una lujuria a otra
cuando mis manos desbordan su entrepierna,
inquilinos de los cielos al enarbolar
el mensaje dulcificado de la dicha;
más aún, cuando destruye mi fortaleza con su deseo.
Es vivir en su cuento apasionado
tan solo una historia, que ya es una vida
impulsando mi corazón de latidos más audaces
y más feroces cada vez que la noche nos encuentra...
adopta la expresión que lleva adentro el amor,
idéntico en su alboreado ritmo,
y ya sin ruido desata las muñecas amantes.
Son unos versos bajo las luces prohibidas,
cabe implorar la fuerza natural de una caricia
contundente y en complicidad con la codicia,
acercamiento de sus piernas
que en cada amanecer de sueños,
me engulle en sus múltiples mareas.
Edwin Paúl Acosta Peña © DERECHO RESERVADO.
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