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Es la inanidad de los días

Pessoa

Moderador Foros Surrealistas.o
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Es la inanidad de los días

en los que las rocas son flores

y los felinos de los parques

están ahitos de odio.


Días sin amaneceres cantados

por los grajos ni ocasos

bendecidos por las ruinas incoloras

de los edificios de granito.


Trepidantes como escolopendras

marchando sobre el cuero de un tambor

las palabras de las bellas

esculpen los frisos antiguos.


Los mármoles se sienten ultrajados

y se cuartean con quejumbrosos chasquidos

negando a los paseantes

la gloriosa contemplación

de las futuras cariátides.


Bebo el humo que a estas horas de la noche

invade mi habitación

como una nube de colores oxidados.

Como en un acto administrativo

organizo mis recuerdos para clasificarlos

por riguroso orden alfabético:


El ruido de los tranvías me despierta

llamo desesperadamente a mi amante

contemplo el azul grisáceo del techo que hace de cielo

recuerdo que tengo algo que recordar

pero no lo encuentro

veo la bandada de aviones que vuelan

hacia el próximo bombardeo

(se que estoy en la inanidad de un día

en los que las rocas son flores, etc., etc.…)


Recojo mi alma de mi almario

-tendré que bajarla al tinte-

y ahuyento a los tímidos pajarillos

que han anidado en sus pliegues.

Alguno me contempla con aire feroz

y yo preveo la inminencia de mi muerte.

Los ojos de mi amante ausente

yacen en total desorden entre las sábanas sucias

¿Donde habrá ido sin sus ojos de azul porcelana?


De entre los ruidos de la calle

percibo el de la llamada del nuevo maniquí

que me enamoró ayer noche.

Desde su vientre de perfecta curvatura

nacen sonidos miríficos

que se dirigen a la primera misa.


Ya no vuelven más recuerdos

y mi corazón amaina sus celos de animal primitivo.

Duermo de nuevo feliz.



Ernst_The+Eye+of+Silence_NY-05727-05-C.jpg


Ilust.: Max Ernst & Ivette Cauquil-Prince.- “El ojo del silencio”. 1977-78
 
Pues, ciertamente su alma a bajado al tinte de sus letras... y se hizo poesía, compañero. Creo,
que esto tan solo... rompe con esa inanidad tan insubstancial de la que nos habla... El poema es
todo lo contrario... Una deliciosa belleza.
Mis saludos compañero, como siempre:
 
Mi querido Iván, amigo mío: con el placer de siempre recibo tus estimulantes letras y compruebo que mis versos tienen eco en ti. Qué mejor premio para su autor que encontrar esa complacencia en un alma que se muestra gemela a la mía, al menos en esa sensibilidad frente al arte... Un cariñoso abrazo y un feliz otoño argentino.
miguel
 
Hola, Zev, querido compañero. Pues sí, esa pincelada de humor que siempre ha existido en la poesía surrealista y que echo a faltar en la que nosotros escribimos. Pero es tan difícil tañer esas cuerdas de humor en nuestro instrumento... Un cordial abrazo,
miguel
 
Es la inanidad de los días

en los que las rocas son flores

y los felinos de los parques

están ahitos de odio.


Días sin amaneceres cantados

por los grajos ni ocasos

bendecidos por las ruinas incoloras

de los edificios de granito.


Trepidantes como escolopendras

marchando sobre el cuero de un tambor

las palabras de las bellas

esculpen los frisos antiguos.


Los mármoles se sienten ultrajados

y se cuartean con quejumbrosos chasquidos

negando a los paseantes

la gloriosa contemplación

de las futuras cariátides.


Bebo el humo que a estas horas de la noche

invade mi habitación

como una nube de colores oxidados.

Como en un acto administrativo

organizo mis recuerdos para clasificarlos

por riguroso orden alfabético:


El ruido de los tranvías me despierta

llamo desesperadamente a mi amante

contemplo el azul grisáceo del techo que hace de cielo

recuerdo que tengo algo que recordar

pero no lo encuentro

veo la bandada de aviones que vuelan

hacia el próximo bombardeo

(se que estoy en la inanidad de un día

en los que las rocas son flores, etc., etc.…)


Recojo mi alma de mi almario

-tendré que bajarla al tinte-

y ahuyento a los tímidos pajarillos

que han anidado en sus pliegues.

Alguno me contempla con aire feroz

y yo preveo la inminencia de mi muerte.

Los ojos de mi amante ausente

yacen en total desorden entre las sábanas sucias

¿Donde habrá ido sin sus ojos de azul porcelana?


De entre los ruidos de la calle

percibo el de la llamada del nuevo maniquí

que me enamoró ayer noche.

Desde su vientre de perfecta curvatura

nacen sonidos miríficos

que se dirigen a la primera misa.


Ya no vuelven más recuerdos

y mi corazón amaina sus celos de animal primitivo.

Duermo de nuevo feliz.



Ernst_The+Eye+of+Silence_NY-05727-05-C.jpg


Ilust.: Max Ernst & Ivette Cauquil-Prince.- “El ojo del silencio”. 1977-78
La pintura es hermosa, más tus imágenes la complementan, saludos cordiales
 
Gracias, Marianne: Celebro que encuentres la pintura con la que suelo acompañar mis versos -un cierto modo de dignificarlos- de tu gusto y acorde con el sentido del poema. Es un placer añadido al del puro comentario. Mis saludos, amiga mía.
miguel
 
Es la inanidad de los días

en los que las rocas son flores

y los felinos de los parques

están ahitos de odio.


Días sin amaneceres cantados

por los grajos ni ocasos

bendecidos por las ruinas incoloras

de los edificios de granito.


Trepidantes como escolopendras

marchando sobre el cuero de un tambor

las palabras de las bellas

esculpen los frisos antiguos.


Los mármoles se sienten ultrajados

y se cuartean con quejumbrosos chasquidos

negando a los paseantes

la gloriosa contemplación

de las futuras cariátides.


Bebo el humo que a estas horas de la noche

invade mi habitación

como una nube de colores oxidados.

Como en un acto administrativo

organizo mis recuerdos para clasificarlos

por riguroso orden alfabético:


El ruido de los tranvías me despierta

llamo desesperadamente a mi amante

contemplo el azul grisáceo del techo que hace de cielo

recuerdo que tengo algo que recordar

pero no lo encuentro

veo la bandada de aviones que vuelan

hacia el próximo bombardeo

(se que estoy en la inanidad de un día

en los que las rocas son flores, etc., etc.…)


Recojo mi alma de mi almario

-tendré que bajarla al tinte-

y ahuyento a los tímidos pajarillos

que han anidado en sus pliegues.

Alguno me contempla con aire feroz

y yo preveo la inminencia de mi muerte.

Los ojos de mi amante ausente

yacen en total desorden entre las sábanas sucias

¿Donde habrá ido sin sus ojos de azul porcelana?


De entre los ruidos de la calle

percibo el de la llamada del nuevo maniquí

que me enamoró ayer noche.

Desde su vientre de perfecta curvatura

nacen sonidos miríficos

que se dirigen a la primera misa.


Ya no vuelven más recuerdos

y mi corazón amaina sus celos de animal primitivo.

Duermo de nuevo feliz.



Ernst_The+Eye+of+Silence_NY-05727-05-C.jpg


Ilust.: Max Ernst & Ivette Cauquil-Prince.- “El ojo del silencio”. 1977-78
Como en un sueño conformar esa viola embriada que se siente ajena al despertar.
encerrado en la pasion envuelta de esos atrapados instantes que se confabulan
para disolver las esencias mas interminables. puede ser todo ese recorrido vital
que en dinamismo ofreces. excelente. saludos de luzyabsenta
 
Es la inanidad de los días

en los que las rocas son flores

y los felinos de los parques

están ahitos de odio.


Días sin amaneceres cantados

por los grajos ni ocasos

bendecidos por las ruinas incoloras

de los edificios de granito.


Trepidantes como escolopendras

marchando sobre el cuero de un tambor


las palabras de las bellas

esculpen los frisos antiguos.


Los mármoles se sienten ultrajados

y se cuartean con quejumbrosos chasquidos

negando a los paseantes

la gloriosa contemplación

de las futuras cariátides.


Bebo el humo que a estas horas de la noche

invade mi habitación

como una nube de colores oxidados.

Como en un acto administrativo

organizo mis recuerdos para clasificarlos

por riguroso orden alfabético:


El ruido de los tranvías me despierta

llamo desesperadamente a mi amante

contemplo el azul grisáceo del techo que hace de cielo

recuerdo que tengo algo que recordar

pero no lo encuentro

veo la bandada de aviones que vuelan

hacia el próximo bombardeo

(se que estoy en la inanidad de un día

en los que las rocas son flores, etc., etc.…)


Recojo mi alma de mi almario

-tendré que bajarla al tinte-

y ahuyento a los tímidos pajarillos

que han anidado en sus pliegues.

Alguno me contempla con aire feroz

y yo preveo la inminencia de mi muerte.

Los ojos de mi amante ausente

yacen en total desorden entre las sábanas sucias

¿Donde habrá ido sin sus ojos de azul porcelana?


De entre los ruidos de la calle

percibo el de la llamada del nuevo maniquí

que me enamoró ayer noche.

Desde su vientre de perfecta curvatura

nacen sonidos miríficos

que se dirigen a la primera misa.


Ya no vuelven más recuerdos

y mi corazón amaina sus celos de animal primitivo.

Duermo de nuevo feliz.



Ernst_The+Eye+of+Silence_NY-05727-05-C.jpg


Ilust.: Max Ernst & Ivette Cauquil-Prince.- “El ojo del silencio”. 1977-78


Entre oximorones vive el poeta, envuelto en luces oscuras y ruidosos silencios o ascendiendo a los más profundo unas veces y descendiendo a lo más alto, otras; mas siempre consigue, como un sueño reparador, hallar el equilibrio. Poema de una brutalidad deliciosa.
Saludos afectuosos, compañero poeta y maestro.
 
Es la inanidad de los días

en los que las rocas son flores

y los felinos de los parques

están ahitos de odio.


Días sin amaneceres cantados

por los grajos ni ocasos

bendecidos por las ruinas incoloras

de los edificios de granito.


Trepidantes como escolopendras

marchando sobre el cuero de un tambor

las palabras de las bellas

esculpen los frisos antiguos.


Los mármoles se sienten ultrajados

y se cuartean con quejumbrosos chasquidos

negando a los paseantes

la gloriosa contemplación

de las futuras cariátides.


Bebo el humo que a estas horas de la noche

invade mi habitación

como una nube de colores oxidados.

Como en un acto administrativo

organizo mis recuerdos para clasificarlos

por riguroso orden alfabético:


El ruido de los tranvías me despierta

llamo desesperadamente a mi amante

contemplo el azul grisáceo del techo que hace de cielo

recuerdo que tengo algo que recordar

pero no lo encuentro

veo la bandada de aviones que vuelan

hacia el próximo bombardeo

(se que estoy en la inanidad de un día

en los que las rocas son flores, etc., etc.…)


Recojo mi alma de mi almario

-tendré que bajarla al tinte-

y ahuyento a los tímidos pajarillos

que han anidado en sus pliegues.

Alguno me contempla con aire feroz

y yo preveo la inminencia de mi muerte.

Los ojos de mi amante ausente

yacen en total desorden entre las sábanas sucias

¿Donde habrá ido sin sus ojos de azul porcelana?


De entre los ruidos de la calle

percibo el de la llamada del nuevo maniquí

que me enamoró ayer noche.

Desde su vientre de perfecta curvatura

nacen sonidos miríficos

que se dirigen a la primera misa.


Ya no vuelven más recuerdos

y mi corazón amaina sus celos de animal primitivo.

Duermo de nuevo feliz.



Ernst_The+Eye+of+Silence_NY-05727-05-C.jpg


Ilust.: Max Ernst & Ivette Cauquil-Prince.- “El ojo del silencio”. 1977-78

Me ha encantado tu poema, querido amigo Miguel, de como esos sentires, se acompasan por las rutinas grises, por esas noticias del odio, una maravilla disfrutar de tu arte, enhorabuena. Un abrazo, felices días.
 
Un poema muy hermoso en el que percibo un lenguaje más actual de lo que suelo leer en tu poesía, y que le queda realmente bien. Me gustó mucho este trabajo, Pessoa. Mis felicitaciones, compañero. Un abrazo.
 

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