aniel
Poeta recién llegado
Tu desde lejos te preguntas ¿que es lo que hago? fuera del trabajo,
Lo que hago es envejecer. "Envejecer como todos"
Dirás tú riendo. No, yo no envejezco como todos
Este envejecer no se mira al espejo no corre en procura
De la tintura que esconde canas
Ni rebusca aquello que usan los veinte años que también cuadra a la juventud y que tan mal sienta las vejes...
Yo envejezco alegre de envejecer. Poseo una serenidad inexplicable. Procuro olvidar que tuve juventud. Casi me apuré demasiado en mis renunciamientos.
Yo soy viejo, me digo a cada instante, más blanco el cabello ¡Mejor! ¿Mas duro y lento el andar? ¡Mejor!
Y después de todo ¡que amable es el estado de la vejes! ¡Nadie en la juventud puede suponerlo ¡
! Tengo respeto, cariño y mas y mas ternura ¡nadie me mira con amor¡ que fortuna!, todos me miran con una cariñosa consideración
¿Y sabes?, ¡ningún dolor ninguna pena por ser viejo!
¡Una grande y dulce alegría! ¡Un consuelo! Una gratitud a Dios por haber vivido; una gran satisfacción al haber allá lejos, en la ruta andada a los veinte años, tontos y locos, fantástico y torpes, tan remotos, tan distantes que apenas si les percibo, si les recuerdo, si le reconozco
Lo que hago es envejecer. "Envejecer como todos"
Dirás tú riendo. No, yo no envejezco como todos
Este envejecer no se mira al espejo no corre en procura
De la tintura que esconde canas
Ni rebusca aquello que usan los veinte años que también cuadra a la juventud y que tan mal sienta las vejes...
Yo envejezco alegre de envejecer. Poseo una serenidad inexplicable. Procuro olvidar que tuve juventud. Casi me apuré demasiado en mis renunciamientos.
Yo soy viejo, me digo a cada instante, más blanco el cabello ¡Mejor! ¿Mas duro y lento el andar? ¡Mejor!
Y después de todo ¡que amable es el estado de la vejes! ¡Nadie en la juventud puede suponerlo ¡
! Tengo respeto, cariño y mas y mas ternura ¡nadie me mira con amor¡ que fortuna!, todos me miran con una cariñosa consideración
¿Y sabes?, ¡ningún dolor ninguna pena por ser viejo!
¡Una grande y dulce alegría! ¡Un consuelo! Una gratitud a Dios por haber vivido; una gran satisfacción al haber allá lejos, en la ruta andada a los veinte años, tontos y locos, fantástico y torpes, tan remotos, tan distantes que apenas si les percibo, si les recuerdo, si le reconozco