Tomeu Llabrés
Poeta recién llegado
Sentado de pié al lado del sillón y la silla
agazapado y erguido a la vez, detrás de tu sonrisa
sacado por tí, con esfuerzo y sudor, de mis casillas
me confesé y perdoné, no sin antes ir a misa
Renuncié, a cobrar la herencia de tu desolación
acepté, guardar en cajones tus cartas vacías
no logré pensar, lo que pensaría con una canción
no pude vencer, la maldición del fantasma de María
Viajé por los suelos donde tú no pisabas
llamé a 'Don Nadie' sin consuelo ni intención
escondí mi fe, donde tú nunca mirabas
pregunté a tu indiferencia, que era el perdón
Me subí al tren de los miserables sin cartera
caminé por callejones repletos de engaño y tristeza
deambulé por laberintos, terminé en dos carreteras
cuya vida no era más, que la de un árbol sin corteza
Me embarqué con un taxi sin conductor ni volante
recordé el olor de tu piel, de camino al desperdicio
acompañé por el infierno, a mi buen amigo Dante
desde entonces, no tengo nada, pero tengo oficio
Después de olvidar lo que recordé sin querer recordar
tuve que buscar, debajo de mi cama, todas esas cartas
luego me dormí, pero para nunca más, poder despertar
antes, sin embargo, tomé un coñac, con mi perra Marta
agazapado y erguido a la vez, detrás de tu sonrisa
sacado por tí, con esfuerzo y sudor, de mis casillas
me confesé y perdoné, no sin antes ir a misa
Renuncié, a cobrar la herencia de tu desolación
acepté, guardar en cajones tus cartas vacías
no logré pensar, lo que pensaría con una canción
no pude vencer, la maldición del fantasma de María
Viajé por los suelos donde tú no pisabas
llamé a 'Don Nadie' sin consuelo ni intención
escondí mi fe, donde tú nunca mirabas
pregunté a tu indiferencia, que era el perdón
Me subí al tren de los miserables sin cartera
caminé por callejones repletos de engaño y tristeza
deambulé por laberintos, terminé en dos carreteras
cuya vida no era más, que la de un árbol sin corteza
Me embarqué con un taxi sin conductor ni volante
recordé el olor de tu piel, de camino al desperdicio
acompañé por el infierno, a mi buen amigo Dante
desde entonces, no tengo nada, pero tengo oficio
Después de olvidar lo que recordé sin querer recordar
tuve que buscar, debajo de mi cama, todas esas cartas
luego me dormí, pero para nunca más, poder despertar
antes, sin embargo, tomé un coñac, con mi perra Marta
Última edición: