Es tan profunda la herida
que me causan tus espinas,
que hasta el recuerdo me sangra
de tanto que te he querido.
Me duele tanto la cura
que me procura el olvido
que hace que me sienta vivo
sumiendome en la amargura.
Fueron los años un soplo
mientras supimos querrernos
y cuando murio el amor,
hasta los propios segundos
se volvieron tan eternos
como las losas de un siglo.