AMANT
Poeta adicto al portal
Se han cerrado los ojos,
aquellos misteriosos
que a miradas mataban,
que la piel tiernamente besaban
a la distancia.
Se han helado las pupilas,
aquellas de negro fuego,
en el laberinto
de la imagen postrera, extraviadas;
se han clausurado los sueños
y, encarcelados ,
condenados a cadena perpetua,
yacen entre las rejas...
Se han sellados los labios,
¡ya no darán más besos!,
¡ya no escanciaran en mi copa
su savia almibarada!
ni derramaran
sabias palabras
que, en ondulante vuelo,
cual aves celestes,
aladas,
en pos de mis oídos vayan
y en ellos, el dulce trinar de tu voz,
esparzan.
Ya no estás, amor,
para siempre te has ido;
olvidaste tu recuerdo
y te llevaste tu olvido,
mi alma y mis sentidos;
dejándome a cambio este dolor
que en lágrimas se torna
y crece a cada latido.
Sin despedirte, partiste,
con los ojos cerrados,
los labios enmudecidos,
y el cuerpo fosilizado,
entretanto tu nombre musitaba,
el tiempo detenido.
Se han eclipsado las galaxias
que tu rostro iluminaban.
Ya no hay presente para vos;
el futuro, de tus manos,
usurpado ha sido;
vives y permaneces en el pasado...
cual raíz de un árbol
que un inclemente leñador
ha talado;
jamás, tus ínfimos oídos,
escucharán nuevamente
de mi boca un te amo.
Es tarde, muy tarde...
_Has muerto,
aunque sigas viviendo_.
aquellos misteriosos
que a miradas mataban,
que la piel tiernamente besaban
a la distancia.
Se han helado las pupilas,
aquellas de negro fuego,
en el laberinto
de la imagen postrera, extraviadas;
se han clausurado los sueños
y, encarcelados ,
condenados a cadena perpetua,
yacen entre las rejas...
Se han sellados los labios,
¡ya no darán más besos!,
¡ya no escanciaran en mi copa
su savia almibarada!
ni derramaran
sabias palabras
que, en ondulante vuelo,
cual aves celestes,
aladas,
en pos de mis oídos vayan
y en ellos, el dulce trinar de tu voz,
esparzan.
Ya no estás, amor,
para siempre te has ido;
olvidaste tu recuerdo
y te llevaste tu olvido,
mi alma y mis sentidos;
dejándome a cambio este dolor
que en lágrimas se torna
y crece a cada latido.
Sin despedirte, partiste,
con los ojos cerrados,
los labios enmudecidos,
y el cuerpo fosilizado,
entretanto tu nombre musitaba,
el tiempo detenido.
Se han eclipsado las galaxias
que tu rostro iluminaban.
Ya no hay presente para vos;
el futuro, de tus manos,
usurpado ha sido;
vives y permaneces en el pasado...
cual raíz de un árbol
que un inclemente leñador
ha talado;
jamás, tus ínfimos oídos,
escucharán nuevamente
de mi boca un te amo.
Es tarde, muy tarde...
_Has muerto,
aunque sigas viviendo_.