El amarillo embellecido
Del sol por la mañana
Se desprende de tu cuerpo,
Que solo a mi mano agrada
Burbujeante y alado
Tu corazón me acorrala
Como cucarda desordenada
Los sentimientos se arrebatan
Como suave ocarina
Tus besos diluyen
La sangre coagulada de la herida
Nuestras pieles se recuperan
Con la sabia dulce,
del tronco caído
No hay palabra,
Que por filosa
Este amor quebrante
Ni cólera enfurecida
Que la piedad no ablande
Bienvenidos
Los perdones
Y tu piel arrepentida
Que mi boca avergonzada
Sabe mucho,
De disculpas
Es que el fuego,
Se desprende
Y a veces no discrimina.
Digiriendo,
Su siniestro a nuestras almas que por querer se calcinan
Es que prefiero la batalla,
Los guerreros y cañones,
Que el sonido sentenciero de la nada.
Y aunque
Tus ojos de avellana
Me dirijan bélicas miradas
Se muy bien
que en fondo
Es tu amor quien me mira y me reclama