Javier Lorenzo
Poeta recién llegado
Imaginar el campo
una mañana como esta,
la quietud, los sonidos perdidos
como ecos de ecos,
insolentemente
hermosamente
aparecen tus pies
caminando césped esmeralda,
pedazo de pureza que se te pega
en la planta de los pies.
Es casi añorar la calma
de los días de espejos y luces,
reflejarte en el agua del arroyo,
mientras cuidamos las orquídeas
que cultivabas en el fondo de la casa.
Amarga dulzura de aquellos días,
ecos de miríadas de pestañeos
tratando de acaparar tanta magia,
no querer olvidarse de nada, de nadie.
Y los visitantes que llegan a la casa
y la imposibilidad que tienen de verte.
Sin embargo, por las noches,
es tu luna la que me guarda.
una mañana como esta,
la quietud, los sonidos perdidos
como ecos de ecos,
insolentemente
hermosamente
aparecen tus pies
caminando césped esmeralda,
pedazo de pureza que se te pega
en la planta de los pies.
Es casi añorar la calma
de los días de espejos y luces,
reflejarte en el agua del arroyo,
mientras cuidamos las orquídeas
que cultivabas en el fondo de la casa.
Amarga dulzura de aquellos días,
ecos de miríadas de pestañeos
tratando de acaparar tanta magia,
no querer olvidarse de nada, de nadie.
Y los visitantes que llegan a la casa
y la imposibilidad que tienen de verte.
Sin embargo, por las noches,
es tu luna la que me guarda.