jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
me morí y no me lloraste
y me compraste el puto cajón más barato
sin importarte que no fuera de mi medida;
me metiste dentro con las piernas dobladas
y vestido con ese puto traje negro que nunca me puse
porque me ceñía la entrepierna y me picaba la piel;
para el velorio te vestiste como una puta
con la minifalda de mezclilla que apenas te tapa el culo
y unos zapatos de tacón que te prestó tu madre
-el bar donde trabaja cierra los lunes-
no le avisaste a mi familia de mi muerte
y en cambio le pediste a tus hermanas
que llevaran tequila y cerveza y se estuvieran contigo
para no morirte de aburrimiento esa noche;
las muy puercas desde luego no se contentaron
con estarse sentadas en algún rincón
ingiriendo discretamente sus bebidas;
llevaron además a sus amigos y unos músicos
y organizaron una fiesta mientras yo terminaba de enfriarme
encogido dentro del puto cajón y con los huevos apretados;
para no variar se te subieron los tragos enseguida
y te pusiste a cantar rata de dos patas dedicada con cariño
"para ese hijo de puta del cajón"
-en realidad me da lo mismo tu sarcasmo
pero desafinas tanto que casi resucito del asco que me da oírte-
al rayar el alba ya te habían dado por el culo
dos de los músicos y el novio de tu hermana enedina;
alguien propuso entonces seguir la fiesta en otra parte
y la música dejó de oírse y todo el mundo se fue,
yo me asomé por una rendija del cajón y no vi a nadie;
levanté la tapa y me deslicé hacia afuera y salté al piso
y aunque sentí un ligero vahído no me desmayé;
atravesé el salón entre botellas vacías y pedazos de papel higiénico
vasos de plástico, condones y una revista atalaya
-"¿pueden los vivos escuchar los mensajes de los muertos?"-
en la calle hacía una espléndida y soleada mañana
había gente yendo de un lado a otro y carros y camiones
un semáforo en la esquina cambiaba cada tanto de color
y en las ramas de algunos árboles cantaban los pájaros;
caminé sin prisas hasta la parada del camión
-volvería a casa y me daría un baño y dormiría un rato-
y mientras llegaba me fumé un cigarrillo pensando
que morirse de vez en cuando no te quita los vicios;
cuando abrí la puerta de casa un tipo barbudo salió de ella
apestaba a alcohol y a coño y se sobresaltó al verme
y echó a correr como si lo persiguiera el diablo
-¿qué no te habías muerto, cabrón?
-¿y qué a ti no se te había quitado lo puta?