ojosverdes
Poeta asiduo al portal
Esa mirada tuya
en aquellas tardes de verano,
cuando tu y yo retozábamos
sobre la gran cama de sábanas blancas,
cuando el calor afuera angustiaba
cuando sentíamos la quietud de la naturaleza.
Unas horas en que ni una hoja se movía,
ni siquiera las ranas se atrevían a croar
o los pájaros a cantar.
Y mientras, en medio de la estancia
con las ventanas casi cerradas y
un hilo de sol penetraba para iluminarnos,
tu y yo recorríamos el mapa de nuestra piel.
Horas, minutos, segundos de sosiego,
miradas largas, infinitas,
mis dedos recorren el perímetro
de tu rostro, aprendiendo
cada pliegue de tu piel.
Esta será nuestra última tarde de verano
pero quedará grabada entre mis dedos
y en esa mirada.
en aquellas tardes de verano,
cuando tu y yo retozábamos
sobre la gran cama de sábanas blancas,
cuando el calor afuera angustiaba
cuando sentíamos la quietud de la naturaleza.
Unas horas en que ni una hoja se movía,
ni siquiera las ranas se atrevían a croar
o los pájaros a cantar.
Y mientras, en medio de la estancia
con las ventanas casi cerradas y
un hilo de sol penetraba para iluminarnos,
tu y yo recorríamos el mapa de nuestra piel.
Horas, minutos, segundos de sosiego,
miradas largas, infinitas,
mis dedos recorren el perímetro
de tu rostro, aprendiendo
cada pliegue de tu piel.
Esta será nuestra última tarde de verano
pero quedará grabada entre mis dedos
y en esa mirada.