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Era un artista y dibujó su rostro
y lamió su sonrisa.
Con las manos dispuestas sobre manchas negras
sus dedos llegaron a acariciar su mentón,
y fue escarbando
toda su mitad del cuerpo partido,
y disfrutó de una herida húmeda.
Él estaba allí con una mirada lúbrica
que traspasaba el cristal maldito.
Era poeta y escribió sobre su piel
de seda impalpable,
percibió sus pétalos
y le absorbió el rocío
y su lengua comenzó a jadear,
era el veneno que lo arrojaba a la muerte
convirtiéndolo en la nada triunfante
de sus letras.
Era un artista y dibujó su rostro
y lamió su sonrisa.
Con las manos dispuestas sobre manchas negras
sus dedos llegaron a acariciar su mentón,
y fue escarbando
toda su mitad del cuerpo partido,
y disfrutó de una herida húmeda.
Él estaba allí con una mirada lúbrica
que traspasaba el cristal maldito.
Era poeta y escribió sobre su piel
de seda impalpable,
percibió sus pétalos
y le absorbió el rocío
y su lengua comenzó a jadear,
era el veneno que lo arrojaba a la muerte
convirtiéndolo en la nada triunfante
de sus letras.