Solverde82
El dinero no se puede comer
Me he vendido amigos
me he vendido al capitalismo
he pasado por el aro
y todavía no se como ha sucedido.
Entre en su juego de puntillas
tan solo para asomarme
y la puerta tras mis espaldas
se ha cerrado de golpe,
estoy encerrado dentro del abismo
y a cada paso que avanzo
me sigo embarrando los zapatos.
Me he vendido
me he postrado ante sus pies
y todavía no se como ha sucedido
no me ha quedado mas remedio
y sin saberlo me he rendido.
Me he traicionado a mi mismo
y por hacerlo soy un desgraciado
porque me he hipotecado
he vendido mi fuerza de trabajo
a un maldito banco
que me obliga puntualmente
a donarle la mitad de mi salario
y aun así soy un afortunado
porque aunque soy un esclavo
mi techo sale barato.
Todos los días al atravesar
la pasarela que conduce a mi condena
oigo deslizarse tras de mi las cadenas,
suspendido en el vacío
sobre aquellas cabezas
que anhelan cambiar su vida por la mía
pienso todos los días
cuan efímeras son nuestras vidas
cuan fugaces nuestras decisiones,
las cuales a veces nos encadenan de por vida
y cuando quiero darme cuenta
encerrado en una cárcel
a la que mis compañeros llaman oficina
se cierran tras mis espaldas
las rejas de mi condena auto-impuesta.
me he vendido al capitalismo
he pasado por el aro
y todavía no se como ha sucedido.
Entre en su juego de puntillas
tan solo para asomarme
y la puerta tras mis espaldas
se ha cerrado de golpe,
estoy encerrado dentro del abismo
y a cada paso que avanzo
me sigo embarrando los zapatos.
Me he vendido
me he postrado ante sus pies
y todavía no se como ha sucedido
no me ha quedado mas remedio
y sin saberlo me he rendido.
Me he traicionado a mi mismo
y por hacerlo soy un desgraciado
porque me he hipotecado
he vendido mi fuerza de trabajo
a un maldito banco
que me obliga puntualmente
a donarle la mitad de mi salario
y aun así soy un afortunado
porque aunque soy un esclavo
mi techo sale barato.
Todos los días al atravesar
la pasarela que conduce a mi condena
oigo deslizarse tras de mi las cadenas,
suspendido en el vacío
sobre aquellas cabezas
que anhelan cambiar su vida por la mía
pienso todos los días
cuan efímeras son nuestras vidas
cuan fugaces nuestras decisiones,
las cuales a veces nos encadenan de por vida
y cuando quiero darme cuenta
encerrado en una cárcel
a la que mis compañeros llaman oficina
se cierran tras mis espaldas
las rejas de mi condena auto-impuesta.