Aparecido
Poeta recién llegado
La noche habla, tiene historias de todo tipo.
Me gustaría que en este espacio publiquemos sobre esas historias.
No necesariamente tu poesía deba desarrollarse por completo en la noche, pero al menos ser escenario en algún momento.
mi aporte:
Amor de Noche
Se conocieron en un sueño de madrugada,
cuando el amor moría en un rincón de la heladera.
Ella salía de un lugar oscuro,
volvía a casa luego del trabajo,
fumaba y maldecía el olor que
dejan los hombres de promesas baratas.
Él escapaba de una cama vacía,
se perdía en calles desiertas,
contaba baldosas, adoquines,
el tiempo pasaba de prisa, como las buenas cosas.
Y en la ciudad el calor era sofocante,
los habitantes agonizaban en balcones, terrazas,
soñaban con ofertas de ventiladores.
Aquella noche, sin saberlo aún,
el destino o una ruleta generosa,
los beneficiaría con un viaje a
las afueras de otro planeta.
Allí la vio,
esperando el colectivo de las seis,
parecía un ángel abandonado,
expulsado del cielo por inducir al pecado.
Le habló sin parar, pálido, aterrado,
aquellos ojos parecían lunas sobre
la oscuridad del mar.
En otro lugar, a esas horas,
los diarieros hojeaban la Playboy,
los porteros limpiaban veredas y
los borrachos se despedían con tristeza,
Caminaron como turistas,
recorrieron calles y bares,
se contaron sueños y frustraciones,
amores y soledades.
Después de las bebidas
tomaron un taxi directo a un hotel,
él confeso que temía despertar,
ella apretaba su mano, sentía el mismo temor.
Por la mañana el amanecer los separó,
ella encontró los brazos de un cliente habitual,
se sentía triste sin recordar por qué,
él no quiso abrir los ojos,
se empeñaba en soñarla otra vez.
Me gustaría que en este espacio publiquemos sobre esas historias.
No necesariamente tu poesía deba desarrollarse por completo en la noche, pero al menos ser escenario en algún momento.
mi aporte:
Amor de Noche
Se conocieron en un sueño de madrugada,
cuando el amor moría en un rincón de la heladera.
Ella salía de un lugar oscuro,
volvía a casa luego del trabajo,
fumaba y maldecía el olor que
dejan los hombres de promesas baratas.
Él escapaba de una cama vacía,
se perdía en calles desiertas,
contaba baldosas, adoquines,
el tiempo pasaba de prisa, como las buenas cosas.
Y en la ciudad el calor era sofocante,
los habitantes agonizaban en balcones, terrazas,
soñaban con ofertas de ventiladores.
Aquella noche, sin saberlo aún,
el destino o una ruleta generosa,
los beneficiaría con un viaje a
las afueras de otro planeta.
Allí la vio,
esperando el colectivo de las seis,
parecía un ángel abandonado,
expulsado del cielo por inducir al pecado.
Le habló sin parar, pálido, aterrado,
aquellos ojos parecían lunas sobre
la oscuridad del mar.
En otro lugar, a esas horas,
los diarieros hojeaban la Playboy,
los porteros limpiaban veredas y
los borrachos se despedían con tristeza,
Caminaron como turistas,
recorrieron calles y bares,
se contaron sueños y frustraciones,
amores y soledades.
Después de las bebidas
tomaron un taxi directo a un hotel,
él confeso que temía despertar,
ella apretaba su mano, sentía el mismo temor.
Por la mañana el amanecer los separó,
ella encontró los brazos de un cliente habitual,
se sentía triste sin recordar por qué,
él no quiso abrir los ojos,
se empeñaba en soñarla otra vez.
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