Francisco Lechuga Mejia
Poeta que no puede vivir sin el portal
.
Recógete del suelo y trae acá
tu piel de leche crema,
deja en mis manos tu cubierta
frívola piel tela acariciante de tu cuerpo,
deja que la arranque.
Tú despacio desnúdame tu alma,
anda niño, apuñalemos
por la espalda esa falsa moral
que entre los dos nos queda grande,
mi alma es tuya, envuélvela en tu aliento.
Escribamos tú en mi piel
y yo en tu alma y
cambiemos de papeles; que sea viceversa
el aroma de nuestras somáticas fragancias,
lavémonos con ellas lo que otros ven
como pecados curiosos de la vida.
Toma Jesús mío niño principito,
recógete del suelo de mi mano,
súbete de un brinco a mis zapatos,
yo te invento nuevos bailes,
crucifícate en mis brazos
yo te cubro de temores.
. . . . . . . . . . .6ayo . . .3.3.10 en un día común, común como tu promesa de quedarte
.
Recógete del suelo y trae acá
tu piel de leche crema,
deja en mis manos tu cubierta
frívola piel tela acariciante de tu cuerpo,
deja que la arranque.
Tú despacio desnúdame tu alma,
anda niño, apuñalemos
por la espalda esa falsa moral
que entre los dos nos queda grande,
mi alma es tuya, envuélvela en tu aliento.
Escribamos tú en mi piel
y yo en tu alma y
cambiemos de papeles; que sea viceversa
el aroma de nuestras somáticas fragancias,
lavémonos con ellas lo que otros ven
como pecados curiosos de la vida.
Toma Jesús mío niño principito,
recógete del suelo de mi mano,
súbete de un brinco a mis zapatos,
yo te invento nuevos bailes,
crucifícate en mis brazos
yo te cubro de temores.
. . . . . . . . . . .6ayo . . .3.3.10 en un día común, común como tu promesa de quedarte
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