Y escribo en el mar lo que sonríen las olas,
y escribo en el corazón el canto de las espesuras,
y escribo en la ciudad los vientos hermanos,
el rostro de la Luna pescadora…
y en el interior, se escriben, los puentes íntimos, las cataratas negras…
y dibujan los templos por las frondosidades melódicas,
y los puentes por esos carteles de la llovizna…
y se reúnen los jardines en nuestras manos,
y por el acontecer de las cafeterías, bajo esos cúmulos del tacto…
y las inquietudes de los bosques que esperan al atardecer,
y para que nos bendigan el vientre de pan.