Odisea
Poeta recién llegado
No soy tan lento como parece, en las historias de mi piel, la de ella, la del ojo que todo resiste. Dame tu abrigo dije, y en el infierno se desató una inundación de flores con sueños de incienso e ilusiones.
Que tan grande será el circo de esta vida, que no deja de sorprenderme, aún si es la vida o la muerte, quien me espere en el año universal, donde arden figuras divinas y posan inmarcesibles relojeros del desierto.
¿Que puedo decirte?
Si no hago más que escribirte, aunque la cabeza me duela, y me haga un ruido casi inmortal en la soledad.
Allí viene y vendrán los espejos que se escondieron cuando las sombras acechaban la imaginación del ser inquieto, y tu alma dudo que quiera iluminar una luna risueña.
Dudo entonces de dudar, y en estos tramos, ya ni cuerpo creo tener, es más, la palma de un luciérnaga me dio más que un amuleto, cedió su vuelo a mi vista.
Que tan grande será el circo de esta vida, que no deja de sorprenderme, aún si es la vida o la muerte, quien me espere en el año universal, donde arden figuras divinas y posan inmarcesibles relojeros del desierto.
¿Que puedo decirte?
Si no hago más que escribirte, aunque la cabeza me duela, y me haga un ruido casi inmortal en la soledad.
Allí viene y vendrán los espejos que se escondieron cuando las sombras acechaban la imaginación del ser inquieto, y tu alma dudo que quiera iluminar una luna risueña.
Dudo entonces de dudar, y en estos tramos, ya ni cuerpo creo tener, es más, la palma de un luciérnaga me dio más que un amuleto, cedió su vuelo a mi vista.