Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Son las atronadoras reliquias del pasado,
fusil sin retroceso,
el final de los huéspedes con alas,
el abismo del sol en la explanada,
la Luna encadenada a los sentidos,
y esos ojos de escarcha en que me escarbo,
lo que hace de mí una epifanía con un aura en la nuca,
único desertor de las causas vencidas,
degollador del tiempo entre cristales,
pantalla del examen de propósitos,
generador del crimen conceptual
que masacra tinieblas a golpe de tabique,
con mi ausencia encharcada en el pladur,
con el pecho que llega hasta el tejido.
Y en las célebres huidas, unidas por el viento
-Oráculo del ser anonadado-,
me hago fuerte en la tibia sensación de ese Dios
que guardo entre pronósticos.
-Azarosa ventura del guardián que se traga de puertas para adentro-.
fusil sin retroceso,
el final de los huéspedes con alas,
el abismo del sol en la explanada,
la Luna encadenada a los sentidos,
y esos ojos de escarcha en que me escarbo,
lo que hace de mí una epifanía con un aura en la nuca,
único desertor de las causas vencidas,
degollador del tiempo entre cristales,
pantalla del examen de propósitos,
generador del crimen conceptual
que masacra tinieblas a golpe de tabique,
con mi ausencia encharcada en el pladur,
con el pecho que llega hasta el tejido.
Y en las célebres huidas, unidas por el viento
-Oráculo del ser anonadado-,
me hago fuerte en la tibia sensación de ese Dios
que guardo entre pronósticos.
-Azarosa ventura del guardián que se traga de puertas para adentro-.